lunes, 25 de marzo de 2019

Paul McCartney en vivo


Algún día le podré contar a mis nietos que un 23 de marzo de 2019 vi a una leyenda viva de la música tocar en Buenos Aires temas que emocionaron y marcaron a fuego a sus contemporáneos, hijos y nietos que se congregaron en el Campo Argentino de Polo. Es música con la que he crecido escuchando los cds de mi padre, a quien debo mi afición por su obra y la de los Beatles. De manera que al escucharla vivenciaba nuevamente las sensaciones que he sentido al escuchar su música a lo largo de toda mi vida. ¿Por dónde empezar a explicarlas? ¿Les debo decir que me emocioné? Ya su sola presencia al entrar al escenario me hizo llorar de la emoción… de manera que sí, sentí asombro, alegría, gratitud, la energía incomparable que se siente al estar entre una multitud que está viviendo lo mismo que vos.

Su repertorio hizo hincapié en su trabajo con los Beatles naturalmente, pero de todas formas cantó canciones de Wings y de su trabajo posterior como solista. De hecho, presentó formalmente su nuevo álbum, salido a fines del año pasado: Egypt Station. Personalmente, conocía y cantaba muchos temas pero otros no. Estimo que la pasaba lo mismo a varias personas. De esta forma, este evento fue una buena ocasión para familiarizarme con más música de mi ídolo cuya obra escucho mientras escribo estas líneas. Habiendo abordado tantos géneros musicales como instrumentos podemos escuchar obras de lo más variopinto. Baste decir, por ejemplo, que tiene composiciones de música clásica también.

El concierto duró casi tres horas y además del repertorio que llevó a cabo con su banda también interactuó con el público hablándonos por momentos en español y en inglés. Tuvo varias perlas el concierto, al final de Letting go, seguimos cantando el leitmotiv de la canción una vez terminada y él se hizo eco de eso y volvió a tocar la guitarra. En otras ocasiones explicaba el origen de las canciones o bien el propósito que lo llevó a escribirlas. Luego, al terminar Let ‘em in al escuchar el “ole ole ole” característico nuestro se puso a cantarlo él en el piano. Otra: más tarde antes de cantar Ob-la-di ob-la-da nos dijo que íbamos a cantar y que cuando nos dijera “your turn” estaríamos en la nuestra para cantar con la banda. No sería la última vez que nos pidiera expresamente que cantáramos.

Fue hacia el final de la velada, plena de emociones a esa altura donde cantó Let it be, luego Live and let die con profusión de fuegos artificiales, efectos visuales en el escenario y humo por doquier que al seguir por Hey Jude, al momento final de la coda nos pidió que lo hiciéramos con él… na na na na na na na na na Hey Jude. Inolvidable. Fue tal la magnitud del momento que luego se difundió en redes sociales algo inusitado que pasa cuando los grandes llevan a cabo su arte, al abrirse paso la Belleza si se me permite la expresión. La gente frenaba en sus coches en tránsito para bajarse en plena calle a cantar con todos nosotros, y no sólo un puñado sino varios automovilistas.

En conclusión, salí muy contento del recital lleno de gratitud y emoción por ver uno de los hitos de la música cantar en vivo con todo lo que lo que lo valoro y aprecio. Siendo consciente de lo afortunado que era por haber podido vivir eso. Había momentos en que cantaba y pensaba al momento de hacerlo, “qué bueno, lo estoy haciendo junto a él”. Creo que todos los que estuvimos allí sentimos eso. Paul debe haber sentido la magnitud de todo nuestro amor como dice en la última canción que cantó, The end: “and in the end, the love you take is equal to the love you make” (y al final, el amor que recibís es igual al amor que das). Y no fue una despedida, amén de sus 76 años, no lo sentimos así y él, lo dejó claro en correcto español: “¡hasta la próxima!”.

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