jueves, 11 de junio de 2009

La fuerza del destino


Más allá de lo que uno crea acerca de la vida en el más allá, la muerte es un tema que ocupa la mente del hombre desde siempre. Hoy el azar me deparó una conversación con un amigo que me contó cómo vivió el día en que murió Italo Calvino:

-Yo me levanté como cada mañana, me puse la radio y en eso escucho que se había muerto el escritor Italo Calvino, y me entristeció mucho… me vinieron lágrimas a los ojos. No se puede morir un tipo así, un humanista tan grande, tan generoso y entrañable.

Él no es creyente pero conmovido se repetía en lo más íntimo de su ser una y otra vez que no se puede morir alguien tan querido. También hablábamos de Borges y recordé una poesía suya a Manuel Peyrou que dice en los versos finales:

«Hemos hablado de un querido amigo
que no puede morir. Que no se ha muerto.»[1]

Probar ese sentimiento es sencillo. Basta pensar en el destino de los seres queridos. Luego, creo que lo atractivo de la frase está en el tono y en la sencillez que tiene. Esta meditación acerca de la muerte –meditatio mortis- ha hecho correr mucha agua bajo el puente. Sería ocioso nombrar las literaturas que versan sobre este tema porque son todas, y no sólo ellas, toda forma de arte también; filosofía y teología incluidas. Sin embargo, diré unas breves palabras al respecto.

Spinoza creía que no hay nada que aprender de la muerte porque no se puede saber nada vitalmente provechoso de ella. Yo, en cambio, tengo para mí que sí se puede saber algo vitalmente provechoso a partir de ella, pero de la vida. La muerte inexorable da lugar a pensamientos valiosísimos que ponderan la vida en su incalculable valor y riqueza. Verdaderamente no podemos creer que éste sea el fin de todo. Otro texto de Borges dirá:

«Murieron otros, pero ello aconteció en el pasado,
que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte.
¿Es posible que yo, súbdito de Yaqub Almansur,
muera como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles?» [2]

Es interesante destacar que uno de los cultos más antiguos del hombre es el de los muertos. En la Antigüedad se creía que los muertos devenían dioses o bien genios protectores en el más allá. En virtud de esta idea Eneas llamará a su padre santo: Sancte parens (Virgilio, Eneida, V, 80) Y no en vano, muchos héroes griegos (una vez muertos) con el culto y el paso del tiempo se convertían en dioses, según la teoría de Evémero.


Por otra parte, una sabia sentencia griega dice que los hombres están atormentados por las ideas que tienen de las cosas, no por las cosas en sí. Y es verdad, porque “la muerte es menos dura que la espera de la muerte” [3]. Bien dirá Epicteto que el origen de muchas de las miserias del hombre no es la muerte, sino el temor de la muerte.

A su vez, resultará edificante la lectura de los ensayos de Montaigne. Recordemos por ejemplo su famoso texto “Filosofar es aprender a morir” o bien su tónico ejemplar: je ne fais rien sans gaieté (“yo no hago nada sin alegría”).

Y al cabo de nuestros días bien podemos rememorar a Marco Aurelio, quien exhortaba al hombre en sus Meditaciones a conformarse con la naturaleza y terminar la vida con agrado, al modo que la aceituna madura cae bendiciendo a la tierra que la sostuvo y dando gracias al árbol que le dio savia (48).

Pues bien, los ejemplos de la filosofía o de la literatura son innumerables. Baste otro más de Pablo Neruda:

«Hoy crees todo lo que te cuento.
Mañana negarás la luz.
(…)
Lo que yo quiero es que te quieran
Y que no conozcas la muerte.» [4]

Quien avizora un sentido profundo en la vida siente incredulidad ante la eventual finitud del ser. Y el arte que más se acerca al sentido trascendente del ser humano pienso que es la música. Acordémonos si no de la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky. Cuando escuchamos atentamente una pieza musical, como dice Barenboim, esta atención suscita pensamientos porque la mente asocia los motivos musicales con los recuerdos e ideas que afloran a la escucha. Y bien, referiré algo personal: escuchando la sinfonía vino a mi mente la idea del destino, o bien de la Providencia. En los motivos de esta obra había algo majestuoso acechando, como suele hacer la Belleza. La sed trascendente del hombre en diálogo con la Providencia. Y hete aquí que haciendo una investigación sobre la obra leo algo que Tchaikovsky había escrito sobre ella:

“Introducción: sumisión total ante el destino o, lo que es igual, ante la predestinación ineluctable de la Providencia. Allegro. I) Murmullos, dudas, reproches a XXX. II) ¿No valdría más entregarse por completo a la fe? El programa es excelente si consigo llegar a realizarlo." [5]

Cuán grande fue mi asombro no lo puedo explicar. Yo pensé en lo mismo que pensaba el genio de Tchaikovsky al hacer su obra. ¡Qué hermosa urdimbre es la trama de este mundo! En él la belleza es común.

En el primer movimiento -Adagio, allegro con anima- encuentro el diálogo entre la sed trascendente del hombre y la Providencia, tal como dice el compositor de la sinfonía: Murmullos, dudas, reproches, que devienen fe al abrazar la Providencia.

Será en el segundo movimiento -Andante cantabile con alcuna licenza- donde está más vívidamente lo que he querido mostrarles, tácitos amigos, con estos testimonios de hoy y de siempre: la voz que llama al corazón del hombre y que le dice que no podemos morir.


[1] Borges, Jorge Luis, Obra poética, Ed. Emecé, Buenos Aires, 2008, p. 513.


[2] Ibídem, p. 155.

[3] Ovidio, “Carta de Ariana a Teseo” en Heroidas.

[4] Neruda, Pablo, “Repertorio”, en Estravagario.

[5] No sé ruso de manera que no sé cuál es la traducción más exacta. Comparto ésta al ingles que me parece más bella aún porque habla de abrazar la fe: “Introduction: Total submission before fate, or, what is the same thing, the inscrutable designs of Providence. Allegro. I) Murmurs, doubts, laments, reproaches against... XXX. II) Shall I cast myself into the embrace of faith? A wonderful programme, if only it can be fulfilled".


6 comentarios:

Esi haundi dijo...

Si a alguno le interesa la sinfonía yo se la puedo pasar. La tengo dirigida por Von Karajan, con el sello de la Deutsche Grammophon. ¡Palabras mayores!

Si no, pueden servírsela desde este sitio:

http://www.4shared.com/file/
25523630/56ffe8e3/
Tchaikovsky_-_Sinfona_n_5.html

Eso sí, copien y peguen todo como si fuera una sola línea.

Nay dijo...

solo digo que lo lei como te lo he dicho...
=)
mientras tanto.... vivire en alegria sin miedo al fin de alguna cosa, tal vez la vida

ordago13 dijo...

A mi me paso lo de llorar, cuando murió antonio vega o paul newman por ejemplo¡¡¡



Descubri tu blog por casualidad, si quieres pasarte por el mio a escuchar mi programa de radio te estare agradecido:
republica libertaria de las tortugas

Ruben M. M. dijo...

Lucas, casi me da vergüenza acudir a este texto tan tarde, pero más vale tarde que nunca. Allá voy con el comentario:

La muerte es una de los grandes temas para el hombre, porque indica hacia el final de nuestra vida, sin embargo somos vida porque somos muerte y un aspecto implica al otro, queramos o no.
He escuchado grandes descripciones o definiciones de lo que se puede entender por muerte... y no sé, la verdad es que ésa que habla de la muerte como de la totalización de nuestras posibilidades me ha dado mucho que pensar... muerte como el cumplimiento pleno de nuestra existencia.
Por otro lado, respecto a lo que dices sobre la muerte de ciertos personajes, más de una vez he pensado en ello: “Hay personas que por unas cualidades u otras... son de esas personas que no deberían morir nunca.” Pero las cosas son como son, y será así por “algo”. Yo creo que cuando la gente habla de la muerte con tristeza no se detienen a pensar en la inmortalidad. ¿Te imaginas lo que sería ser inmortal y no morir nunca? Uf, sólo de pensarlo...
Pero también si te paras a pensar hay una cosa que resulta curiosa. La creatividad es una de las tareas, sino la que más, que más sentido da a la vida de un ser humano; y qué es la creatividad sino un intento de permanecer para siempre, aunque sea a través de una obra...

Mi último post trata sobre la mirada completa de la vida, e hilando tu post al mío, pienso que esa mirada de la que yo hablo, sólo la alcanza aquél que ha sabido dar a la muerte el lugar que ocupa en su existencia particular.

Sabemos vivir, cuando aprendemos qué es morir.

Lucas, enhorabuena por tu entrada. Tienes una escritura y una cultura admirables. Un saludo, y te seguiré leyendo y comentando... no lo dudes!

F D I dijo...

Lo de Tchaikovsky tienen un problema: no diferencia entre Destino y Providencia, que son cosas muy distintas. Pero considerando el momento espiritual en el que escribió su música, es entendible que no se preocupara por eso. Gracias a Esi haundi por el link

Lucas Esandi dijo...

Agradezco tu ilustre presencia, Facundo. Cuando música como esta se abre paso huelgan las palabras, porque transmite algo inefable. Un abrazo grande!