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domingo, 9 de diciembre de 2012

Tolkien: el Señor de los Anillos


Un día como ayer acabé la lectura de El Hobbit de Tolkien. Es la primera vez que lo releo. Mi primera lectura había sido allá por 2002. Esto no resulta interesante, cuanto mucho anecdótico. Me detengo aquí a escribir sobre Tolkien por el impacto que ha tenido en mi vida desde entonces. Puede no importar lo personal al gentil lector pero quizá revista interés la experiencia de la (re)lectura que tanto interesa a quienes leemos como modo de vida, y también a los amantes de Tolkien.

                                                                                                   Profesor Tolkien

Sin más preámbulos pues, fue precisamente en enero de 2002 en Monte Hermoso a mis 17 años que leí por primera vez un libro por mi cuenta, y fue El Señor de los Anillos de Tolkien. El mismo día que lo empecé no pude parar de leerlo. Había tenido charlas previas con familiares que me ayudaron a empezar la lectura. En menos de un mes había leído los tres tomos y había probado la felicidad que suscita la lectura y la literatura cuando esta hace mella en el  lector. De ahí en más leí El HobbitEl Silmarillion y otros libros del mismo autor. Releí ESDLA ya cuatro veces, algunas en inglés y otras en español. Las últimas relecturas las hice en el transcurso de estos dos años, ya consumada mi carrera de Letras en la UNLP, y las experiencias han sido distintas y más enriquecedoras, ya que tanto nosotros como los libros somos ese río de Heráclito tan predilecto a Borges que cambia siempre.

He notado algunos recursos poéticos y literarios que habían pasado desapercibidos en mis primeras lecturas. Probé las mismas emociones, algunas fueron más fuertes esta vez. Para empezar es admirable el poder de invención de Tolkien. Ha creado una mitología tan vasta y rica que abruma de solo concebirla. Sin duda, tomó nombres y mitemas de las mitologías nórdicas, pero eso no le quita mérito, máxime considerando que creó lenguas como el élfico en sus variantes quenya y sindarin, para las cuales confesó haber creado estas historias de la Tierra Media con el propósito de que no se perdieran y quedaran en el olvido. Esto habla a las claras de su profesión y vocación de filólogo, la cual fue uno de los puntos de partida. El amor a la lengua y a la palabra fue un móvil que favoreció su literatura que no es otra cosa que el arte de la palabra, en el cual Tolkien fue maestro universal.

Me fascina la Búsqueda mayúscula en su obra, ya sea de aventuras en la que se ven envueltos personajes como Bilbo y Frodo como así también de sus destinos. Es muy atractivo en tanto la vida misma es una búsqueda. Asimismo, me fascina que en Tolkien se ensalce a los humildes, representados por los hobbits, los cuales perturban los Concilios de los Sabios. Son estos seres insignificantes que toman protagonismo sin buscarlo y gracias a valores como la voluntad, el coraje, la lealtad, la sinceridad, la humildad, la amistad y el amor -entre otros- cambian el curso de eventos que son decisivos en la configuración y el bienestar de toda la Tierra Media. Si bien a nuestro autor no le gustaban las interpretaciones alegóricas de su obra en tanto se proclamaran estas como excluyentes, puede verse entre líneas los humildes de las bienaventuranzas cristianas:bienaventurados los humildes porque ellos serán ensalzados. Creo con Ferro y Disalvo que pueden interpretarse algunos personajes de Tolkien si ya no como alegóricos sí como tipológicos porque algunos son figuras crísticas como Frodo, Aragorn y Gandalf que cumplen roles redentores y salvadores. Se produce una allegoria in factis, es decir, una alegoría en hechos protagonizados por personajes bíblicos y personajes de los hechos que relata Tolkien en su Libro Rojo que, como dice Disalvo, transcurren en un tiempo preabrahámico. Estos son tramados por Dios que nos tiene un destino trazado. Véase el diálogo iluminador de Frodo y Gandalf (The Fellowship of the Ring, Book Two, Book One, The Shadow of the Past, Chapter II):

“’I wish it need not have happened in my time’, said Frodo [sobre la llegada del anillo a sus manos con todo lo que implica y el propósito que se puso].
‘So do I," said Gandalf, "and so do all who live to see such times. But that is not for them to decide. All we have to decide is what to do with the time that is given us.’”

De esta forma, se puede leer la historia del anillo como teología de la historia. Los mismos Frodo y Sam tienen un diálogo en que reflexionan y piensan sobre esto mismo. Frodo dice que se siente tan bien al escuchar a Sam como si la historia en que están ya estuviera escrita. Si bien no cito el pasaje porque es extenso les remito el diálogo que aparece en este blog cuyo link comparto:http://cnelkurtz.blogspot.com.ar/2010/07/teologia-de-la-historia-lo-que-sam-y.html Y aclaro, por supuesto, que esta es una interpretación que no es excluyente. Resulta una obviedad pero no está de más decirlo.

También puede decirse que algunos hechos centrales de la obra son producto de la Providencia, como por ejemplo el hecho de que Bilbo hallara el anillo perdido y que no matara a Gollum al escapar de las Montañas Nubladas, sobre el cual volveremos al final.

Por otra parte, me encanta que se desdibujen los límites entre vida y literatura, más precisamente en este caso entre las leyendas y canciones antiguas que saben nuestros hobbits y sus sencillas vidas ordinarias. Estos sin saber por qué se ven envueltos en ellas porque llega a manos de Bilbo el anillo de Sauron, el más poderoso de todos los anillos, el arma letal que puede cambiar el destino de la Humanidad para bien o mal dependiendo de si es destruida por Frodo arrojándola al Monte del Destino. En el link anterior se puede notar el asombro de Sam al darse cuenta hablando y reflexionando que él y Frodo se encuentran en medio de una gran historia que aún no acaba, una leyenda que sigue viva en tanto son portadores del anillo. Son varios los pasajes en que se advierte esta “contaminación” que desdibuja los límites de las viejas leyendas y la vida. Uno de mis preferidos es aquel en que Théoden está maravillado de haber visto Ents. Dice así (The Two Towers, Book Three, The Road to Isengard, Chapter VIII):

“The king was silent. "Ents!" he said at length. "Out of the shadows of legend I begin a little to understand the marvel of the trees, I think. I have lived to see strange days. Long we have tended our beasts and our fields, built our houses, wrought our tools, or ridden away to help in the wars of Minas Tirith. And that we called the life of Men, the way of the world.
We cared little for what lay beyond the borders of our land. Songs we have that tell of these things, but we are forgetting them, teaching them only to children, as a careless custom. And now the songs have come down among us out of the strange places, and walk visible under the Sun" (subrayado mío).

Siguiendo pues con los rasgos que pondero enriquecedores, uno de los tópicos literarios por excelencia en Tolkien es el ubi sunt?, es decir, el ¿dónde están? Tópico que consta en expresiones en las que el sujeto se pregunta por un rico pasado que ya se ha perdido. Hay un antecedente paradigmático en las elegías anglosajonas, uno de los primeros testimonios literarios. Un ejemplo en ESDLA es el de este poema que recita Aragorn sobre Rohan (The Two Towers, Book Three, The King of the Golden Hall, Chapter VI):

“Where now the horse and the rider? Where is the horn that was blowing?
Where is the helm and the hauberk and the bright hair flowing?
Where is the hand on the harp-string, and the red fire glowing?
Where is the spring and the harvest and the tall corn growing?
They have passed like rain on the mountain, like a wind in the meadow;
The days have gone down in the West behind the hills into shadow.
Who shall gather the smoke of the dead wood burning?
Or behold the flowing years from the Sea returning?”

Continuamente Tolkien hace referencia al pasado cercano y remoto de hobbits, elfos, enanos y hombres cuyas historias podemos encontrar en El Silmarillion que es un libro acerca de las dos primeras edades de la Edad Media y también una suerte de Génesis del mundo que creó nuestro escritor.

Su obra es tan interesante que no importa saber cómo y cuándo sucederán los hechos al releer la obra. Sucede como con los mitos. El auditorio griego en la Antigüedad ya sabía que Edipo tenía relaciones con la madre y que al final se arrancaba los ojos del horror, y aun así el griego asistía interesado y entusiasmado al teatro para ver una historia cuyo desenlace y pormenores ya conocía; eso no menguaba el interés y el placer al contemplar la obra, mucho menos la catarsis que experimentaba como dice Aristóteles en su Poética. Lo mismo sucede pues con esta historia del anillo, así como con cada historia digna de contarse que genera interés y placer. Tolkien era consciente del poder del mito, de hecho, él habla de la mitopoeia, es decir, la creación del mito y del poder que tiene en el lector. El relato de Tolkien es como el mito. Releemos la historia, conocemos el desenlace y los pormenores, pero no hace menor el interés ni el placer de la lectura. Se genera una empatía inmediata con los hobbits.

Esa búsqueda de Bilbo y de Frodo es, a su vez, una búsqueda del lector. Es, por otra parte, uno de los cuatro temas sobre los que escribe el hombre desde que el mundo es mundo, según quiere Borges en su texto “Los cuatro ciclos”. Los otros tres son la muerte de un dios, la guerra y el regreso. Tres se cumplen en Tolkien de forma magistral. La vuelta a casa es el regreso al mundo cotidiano y ordinario. Los personajes dan sus espaldas a las leyendas en las que se ven metidos, como dice Bilbo al final de ‘El Hobbit’ (The Last Stage, Chapter XIX):

“Our back is to legends and we are coming home”


                                                                   Bolsón Cerrado, casa de Bilbo Bolsón. Ilustración hecha por John Howe

Los hechos protagonizados en esta historia son, en algunos casos, el cumplimiento de profecías como el retorno del rey en el caso de Aragorn o el protagonismo que obtendrá Frodo en el destino del anillo del poder. Véanse los versos proféticos acerca de ambos (The Fellowship of the Ring, Book Two, The Council of Elrond, Chapter II):

“All that is gold does not glitter,
Not all those who wander are lost;
The old that is strong does not wither,
Deep roots are not reached by the frost.
From the ashes a fire shall be woken,
A light from the shadows shall spring;
Renewed shall be blade that was broken,
The crownless again shall be king

Esto lo compone Bilbo, pero en el caso de los versos que siguen, estos son oídos por Boromir en un sueño, lo cual hace el hecho más misterioso. Se lee:

“Seek for the Sword that was broken:
 In Imladris it dwells;
 There shall be counsels taken
 Stronger than Morgul-spells.
 There shall be shown a token
 That Doom is near at hand,
 For Isildur's Bane shall waken,
 And the Halfling forth shall stand” (subrayados míos)

Bilbo mismo en ‘El Hobbit’ cumple parte de profecías vox populi, y al final Gandalf lo amonesta diciéndole que no dejará acaso de creer ahora en ellas porque ayudó a que se cumplieran (The Last Stage, Chapter XIX):

“Surely you don’t disbelieve the prophecies, because you had a hand in bringing them about yourself? You don’t really suppose, do you, that all your adventures and escapes were managed by mere luck, just for your sole benefit? You are a very fine person, Mr. Baggins, and I am very fond of you; but you are only quite a little fellow in a wide world after all!”


Y eso es lo que somos todos, simples individuos en un mundo enorme del cual podemos tomar protagonismo inesperadamente como Bilbo y Frodo o no, pero somos parte del mismo. Somos coautores con Dios de nuestro destino: es mi punto de vista personal. No todo está en manos de Dios, también hay parte en las nuestras por el libre albedrío que nos dio.

Finalmente, comparto un momento central de la historia del anillo. Es ese en que Bilbo halla el anillo gateando a tientas y a oscuras en cuatro patas en un túnel de las Montañas Nubladas. Luego de los acertijos con Gollum Bilbo se encuentra cerca de la salida y se debate entre matarlo o bien dejarlo e irse como finalmente hace. Este hecho posibilita que el anillo sea destruido y la paz y el bienestar de toda la Tierra Media restablecida porque, como sabemos, Frodo no puede por voluntad propia destruirlo, ya que naturalmente el anillo es más fuerte que su voluntad, y es en esa lucha enceguecida y desesperada con Gollum que lo sigue hasta allí como se destruye el anillo que, al final, es arrebatado a Frodo por Gollum quien celebrado su recupero trastabilla y se cae al fuego del Monte del Destino con el anillo, destruyéndose de esta forma. Por esta razón Gollum tiene un papel importantísimo en la destrucción del anillo de poder, siquiera accidentalmente.

Leemos en el quinto capítulo de El Hobbit (Riddles in the Dark):

“A sudden understanding, a pity mixed with horror, welled up in Bilbo's heart: a glimpse of endless unmarked days without light or hope of betterment, hard stone, cold fish, sneaking and whispering. All these thoughts passed in a flash of a second. He trembled. And then quite suddenly in another flash, as if lifted by a new strength and resolve, he leaped.”


Acaso eso hubiera pasado de no poderse haber destruido el anillo, días interminables sin luz en un mundo sin esperanza. Frodo se lamenta de que Sauron se entere por Gollum que el anillo único fue encontrado y de que ahora lo tiene un Bolsón, y así le dice a Gandalf (The Fellowship of the Ring, Book One, The Shadow of the Past, Chapter II):

"What a pity that Bilbo did not stab that vile creature when he had a chance!"
"Pity? [responde Gandalf] It was Pity that stayed his hand. Pity, and Mercy: not to strike without need. And he has been well rewarded, Frodo. Be sure that Bilbo took so little hurt from the evil, and escaped in the end, because he began his ownership of the Ring so. With Pity."
"I am sorry" said Frodo. "But I am frightened; and I do not feel any pity for Gollum."
"You have not seen him," Gandalf broke in.
"No, and I don’t want to," said Frodo. ". . . Now at any rate he is as bad as an Orc, and just an enemy. He deserves death."
"Deserves it! I daresay he does. Many that live deserve death. And some that die deserve life. Can you give it to them? Then do not be too eager to deal out death in judgement. For even the very wise cannot see all ends. I have not much hope that Gollum can be cured before he dies, but there is a chance of it. And he is bound up with the fate of the Ring. My heart tells me that he has some part to play yet, or good or Ill, before the end; and when that comes, the pity of Bilbo may rule the fate of many -- yours not least." (subrayado mío)

Esa piedad hará posible que el anillo sea destruido. Es magnífico el realce que da Tolkien a este valor como a tantos otros. Posibilita el hecho que es epicentro de los acontecimientos de la obra, puesto que la destrucción del anillo marca el fin de la Tercera Edad y el inicio de la Cuarta con el predominio y gobierno de los Hombres con Aragorn como rey. Se restaura un orden que estaba en vilo por la amenaza del malvado Sauron. Todo por la piedad de un hobbit, el más humilde y pequeño de los seres, el más insignificante ¿No es acaso maravilloso? Es conmovedor.

La historia de los protagonistas termina en casi todos los casos con el regreso a casa. Han salido de ella para entrar en un mundo de leyendas y viejas canciones sin esperarlo (en el caso de los hobbits). Así como en la vida, que a veces no podemos distinguir verdad de ficción, como en los sueños o en la literatura, de la misma forma en Tolkien no reconocemos una de otra y ese es uno de los encantos más fascinantes y atrapantes de la obra que provoca una atracción irresistible, como la vida, como los sueños…


T

lunes, 7 de septiembre de 2009

Las causas

Baste enunciar que los estoicos creían en la causalidad de los hechos, una idea de cuño determinista por la cual todo tiene su razón de ser y su/s causa/s en la máquina del mundo. Dos personas, en este caso, bien pueden estar predeterminadas a encontrarse por todas las razones que enumerará Borges en esta poesía que comento con notas al pie.




Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso[1].
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro[2]. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia[3].
La luna que miraban los caldeos[4].
Las arenas innúmeras del Ganges[5].
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña[6].
Las manzanas de oro de las islas[7].
Los pasos del errante laberinto[8].
El infinito lienzo de Penélope[9].
El tiempo circular de los estoicos[10].
La moneda en la boca del que ha muerto[11].
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia[12].
La sombra de las cruces en la tierra[13].
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante[14]. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos[15].
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo[16].
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido[17].
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.




JORGE LUIS BORGES, en Historia de la noche (1977).




[1] Recordemos la palabra cosmos del griego que significa tanto “universo” como “orden”. Al ser creado el Edén habrá tenido su orden armónico.
[2] Verso de seis pies de la poesía antigua de Grecia y Roma. Versa mayormente sobre temas épicos, cuya palabra es memorable por el valor y el heroísmo de los guerreros en la batalla.
[3] Kafka dijo: “Cómo no nos fue permitido construir la Torre de Babel, cavamos su pozo”.
[4] El caldeo fue un pueblo destacado por su astrología, de hecho, “caldeo” llegó a ser sinónimo de “astrólogo”. Véase la Oda I, 11 de Horacio quien aconseja a una mujer no tentar los números babilonios y vivir el instante atrapando el momento con la famosa expresión -ya proverbial- Carpe diem.
[5] Borges gustaba citar la famosa parábola de Heráclito, filósofo presocrático del siglo VI a.C.: “ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río” porque el río nunca es el mismo, y así el río es el tiempo que cambia, y nosotros también somos ese río elemental del tiempo. Las arenas del Ganges, entonces, podrían ser las cosas que están dentro de ese tiempo que todo lo arrastra en su cauce, como dice Marco Aurelio en sus Meditaciones: “El tiempo es como un río que arrastra los acontecimientos. Apenas una cosa salta a la vista, es arrastrada; aparece otra a su vez, y es arrastrada con igual prontitud”. Somos las arenas innumerables. Véase también la poesía de Borges “Son los ríos” en Los conjurados (1985) donde plasma la idea de Heráclito en versos memorables.
[6] En la Antología de la literatura fantástica (1940) Borges, Bioy y S.Ocampo incluyen el texto de Chuang-Tzu que dice: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu”.
[7] Son las manzanas que custodian las Hespérides en el extremo occidental del mundo conocido en la Antigüedad. Estas manzanas fueron regaladas a Hera por su matrimonio con Zeus.
[8] Decir que el laberinto es “errante” conforma una hipálage, esto es, una figura retórica muy frecuente en la poesía clásica que consiste en atribuir a un nombre o un sustantivo una palabra que no se le atribuiría lógicamente. El errante es el que está perdido en el laberinto. Y bien, el valor de esta figura consiste en proyectar el alma del poeta sobre las cosas inanimadas, y sobre todo, radica en que podamos admitir la validez de la similitud en la atribución del adjetivo a dos objetos distintos que devienen así indisociables por el poeta que los liga con su palabra. Otro ejemplo hermoso de hipálage es el de Milton que habla de la “lámpara estudiosa”. En el gabinete de estudio el lector y la lámpara son uno estudiando.
[9] Se refiere al lienzo que Penélope tejía de día y destejía de noche. Ella les decía a sus pretendientes que tomaría esposo de nuevo una vez terminado el lienzo. Ella, secretamente, esperaba que volviera Odiseo, que lo hizo luego de veinte años; diez en Troya y diez en Odisea.
[10] Al concebir al tiempo de esa forma creían que todo se vuelve a repetir, porque todo vuelve sobre sí mismo como los astros en su año cósmico. Según esta doctrina, en el futuro todos volvemos a ser quienes somos y a hacer las mismas cosas; todos hemos sido de la misma forma en el pasado y las cosas que hacemos las hemos hecho siempre. Yo, por ejemplo, siempre escribí estos comentarios a la poesía de Borges, no sólo ahora.
[11] En la Antigüedad ponían una moneda en la boca del muerto porque, según la mitología grecorromana, al morir vamos al Hades y allí el paso inexorable es el cruce del río Aqueronte en la barca del viejo Caronte. A éste se le debía pagar por el cruce al otro lado de la orilla, por eso ponían una moneda en la boca del muerto.
[12] Batalla que se libró en Grecia en el año 48 a.C. donde César venció a Pompeyo en la guerra civil romana.
[13] Verso ambiguo. Quizá no para un lector más avezado. Arguyo una posible sugerencia de Borges. Y tiene que ver con la cruz que se trazaba en el acto fundacional de una ciudad, cuyos extremos indicaban los cuatro puntos cardinales.
[14] Nueva hipálage. Véase nota 8.
[15] Cf. Oda, IV, 7, v. 16 de Horacio: Pulvis et umbra sumus (“Polvo y sombra somos”).
[16] La caligrafía es el arte de escribir con bella letra, de gran importancia en Oriente.
[17] Nueva hipálage. Véase nota 8.

martes, 18 de noviembre de 2008

Lasciate ogne speranza

(Entrada al infierno - Gustave Doré)


A continuación les presento el infierno de la Divina Commedia de Dante, en el canto III.
Dante, es guiado, como sabemos, por Virgilio, que fue un poeta que vivió en el siglo I a.C. y al cual Dante le tenía mucho afecto por sus estudios.

Aquí están las palabras que tiene la entrada al infierno y lo primero que ve el poeta.

Luego les muestro la aparición de Caronte, una figura de la mitología grecorromana que se encarga de traspasar a los condenados de una orilla a la otra del río Aqueronte, hecho con respecto al cual no hay vuelta atrás.

Los condenados blasfeman e insultan y se lanzan a la barca de Caronte como pájaro por las señas del barquero. Así eternamente una a una, de la misma forma que él por la eternidad proclama las palabras con que los recibe.

Termina finalmente con el miedo por el temblor de la tierra oscura y el relampagueo de una luz rojiza que priva a Dante de todo sentido, y cae como hombre vencido por el sueño.

Intercalo mi traducción entre los tercetos para facilitar la lectura. ¡Hay que hacer el esfuerzo de mirar la Commedia en italiano!




"Per me si va ne la città dolente,
per me si va ne l'etterno dolore,
per me si va tra la perduta gente.

"Por mí se va en la ciudad doliente,
por mí se va en el eterno dolor,
por mí se va entre la perdida gente.

(…)

Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate".

Dejad toda esperanza vosotros que entráis".

Queste parole di colore oscuro
vid'io scritte al sommo d'una porta;
per ch'io: «Maestro, il senso lor m'è duro».

Estas palabras de color oscuro
yo vi escritas arriba de una puerta;
y yo: «Maestro, su sentido es duro».

Ed elli a me, come persona accorta:
«Qui si convien lasciare ogne sospetto;
ogne viltà convien che qui sia morta.

Y él a mí como persona lista:
«Conviene aquí dejar toda sospecha;
toda cobardía que aquí sea muerta.


Noi siam venuti al loco ov'i' t'ho detto
che tu vedrai le genti dolorose
c'hanno perduto il ben de l'intelletto».

Hemos venido al lugar donde te he dicho
que verás a las gentes dolorosas
que han perdido el bien del intelecto».

E poi che la sua mano a la mia puose
con lieto volto, ond'io mi confortai,
mi mise dentro a le segrete cose.

Y luego que posó su mano en la mía
con rostro alegre, que me confortó,
me metió dentro a las secretas cosas.


(Entrada al infierno - William Blake)

Quivi sospiri, pianti e alti guai
risonavan per l'aere sanza stelle,
per ch'io al cominciar ne lagrimai.

Aquí suspiros, llantos y profundos ayes
resonaban por el aire sin estrellas,
porque yo al comenzar lagrimé.


Diverse lingue, orribili favelle,
parole di dolore, accenti d'ira,
voci alte e fioche, e suon di man con elle

Diversas lenguas y horribles blasfemias,
palabras de dolor, acentos de ira,
voces altas y roncas, y sonidos de manos con éstas


facevano un tumulto, il qual s'aggira
sempre in quell'aura sanza tempo tinta,
come la rena quando turbo spira.

hacían un tumulto, el cual gira
siempre en este aire sin tiempo tinto,
como la arena cuando agitada se arremolina.



(...)


Ed ecco verso noi venir per nave
un vecchio bianco per antico pelo,
gridando: «Guai a voi, anime prave!

Y he aquí que hacia nosotros venía en barca
un viejo blanco de antiguo pelo,
gritando: «¡Ay de vosotras almas malditas!, (Caronte - Gustave Doré)

Non isperate mai veder lo cielo:
i' vegno per menarvi a l'altra riva
ne le tenebre etterne, in caldo e 'n gelo.

Jamás esperéis ver el cielo:
vengo a llevaros a la otra orilla
en las tinieblas eternas, al calor y al hielo.


E tu che se' costì, anima viva,
pàrtiti da cotesti che son morti».
Ma poi che vide ch'io non mi partiva,

Y tú que estás aquí ánima viva,
apártate de estos que están muertos».
Mas luego que vio que yo no me apartaba,


disse: «Per altra via, per altri porti
verrai a piaggia, non qui, per passare:
più lieve legno convien che ti porti».

dijo: «por otro camino, por otros puertos,
llegarás a la playa, y no pasarás por aquí:
más ligero leño conviene que te lleve».


E 'l duca lui: «Caron, non ti crucciare:
vuolsi così colà dove si puote
ciò che si vuole, e più non dimandare».

Y mi guía a él: «Caronte, no te irrites:
se quiere así allá donde se puede
lo que se quiere, y no preguntes más».


Quinci fuor quete le lanose gote
al nocchier de la livida palude,
che 'ntorno a li occhi avea di fiamme rote.

Entonces se aplacó el barbudo rostro
del barquero de la cenagosa laguna,
que en torno a los ojos tenía llamas.


Ma quell'anime, ch'eran lasse e nude,
cangiar colore e dibattero i denti,
ratto che 'nteser le parole crude.

Mas aquellas almas abatidas y nudas,
cambiaron color y rechinaron los dientes,
súbito que entendieron las palabras crudas.


Bestemmiavano Dio e lor parenti,
l'umana spezie e 'l loco e 'l tempo e 'l seme
di lor semenza e di lor nascimenti.

Blasfemaban de Dios y de sus padres,
la humana especie, el lugar, el tiempo
y sus antepasados y nacimientos.


Poi si ritrasser tutte quante insieme,
forte piangendo, a la riva malvagia
ch'attende ciascun uom che Dio non teme.

Luego se reunieron todas juntas,
llorando fuerte, en la orilla malvada
que espera cada hombre que a Dios no teme.


Caron dimonio, con occhi di bragia,
loro accennando, tutte le raccoglie;
batte col remo qualunque s'adagia.

Caronte demonio, con ojos de brasa,
indicando a ellas a todas las recoge;
golpea con el remo a quien se atrasa.




(Caronte y los condenados - Gustave Doré)
Come d'autunno si levan le foglie
l'una appresso de l'altra, fin che 'l ramo
vede a la terra tutte le sue spoglie,

Como en otoño se caen las hojas
una tras otra, hasta que el ramo
ve en la tierra todos sus despojos,


similemente il mal seme d'Adamo
gittansi di quel lito ad una ad una,
per cenni come augel per suo richiamo.

de la misma forma los condenados, hijos de Adán,
se arrojan de esa orilla, uno a uno,
a sus señas, como pájaro por su reclamo.


Così sen vanno su per l'onda bruna,
e avanti che sien di là discese,
anche di qua nuova schiera s'auna.

Así se van por las ondas oscuras,
y antes de que desciendan en la otra orilla,
ya en ésta nueva multitud se reúne.

«Figliuol mio», disse 'l maestro cortese,
«quelli che muoion ne l'ira di Dio
tutti convegnon qui d'ogne paese:

«Hijo mío», dijo el maestro cortés,
«los que mueren en la ira de Dios
todos convergen aquí de cada pueblo;

e pronti sono a trapassar lo rio,
ché la divina giustizia li sprona,
sì che la tema si volve in disio.

Y listos están a traspasar el río,
porque la divina justicia los empuja,
y el temor se les vuelve en deseo.


Quinci non passa mai anima buona;
e però, se Caron di te si lagna,
ben puoi sapere omai che 'l suo dir suona».

Por aquí jamás pasa alma buena;
y si Caronte de ti se queja,
bien puedes saber ya lo que quiere decir».


Finito questo, la buia campagna
tremò sì forte, che de lo spavento
la mente di sudore ancor mi bagna.

Dicho esto, la oscura campaña
tembló tan fuerte, que del susto
la mente de sudor aún me baña.


La terra lagrimosa diede vento,
che balenò una luce vermiglia
la qual mi vinse ciascun sentimento
e caddi come l'uom cui sonno piglia.

La tierra lagrimosa dio viento,
y relampagueó una luz rojiza
la cual me venció todo sentido
y caí como el hombre vencido por el sueño.



(Caronte y los condenados en el muro del Juicio Final de la Capilla Sixtina - Miguel Ángel Buonarroti)

lunes, 17 de marzo de 2008

Paradiso


Un punto solo m'è maggior letargo
che venticinque secoli a la 'mpresa
che fe' Nettuno ammirar l'ombra d'Argo.


Famosa terzina de Dante en la Divina Comedia, en el último canto del paraíso, vv.94-96
Dice:

Un solo instante me es mayor letargo
que veinticinco siglos a la empresa
que hizo a Neptuno admirar la sombra de Argo.

Dante ha visto a Dios al final de su recorrido, él nos quiere decir algo que es imposible de entender para nosotros, él mismo pide a esa somma luce:

Fa la lingua mia tanto possente,
ch'una favilla sol de la tua gloria
possa lasciare a la futura gente


Haz mi lengua tan poderosa
que sólo un poquito de tu gloria
pueda dejar a la futura gente

Fue tal el éxtasis y la conmoción de contemplar algo que excede todo concepto mortal que él como tal, porque está tan vivo como nosotros, no lo puede explicar. Antes de ver a Dios San Bernardo le pidió a la Virgen en una santa oración que cuidara las facultades de Dante, que lo mantuviera sano y salvo, porque no se puede mirar a Dios al rostro y quedar intacto. Dios es el Amor che move il sole e l'altre stelle (último verso de la obra), si uno mira al Amor se enamora, cambia, ésta es la idea.

Entonces dice que para él un solo instante que pasa es de mayor olvido por la eternidad que contempló que veinticinco siglos atrás al momento en que Neptuno (o Posidón según la mitología griega) admiró la sombra de Argo. Él recuerda más y mejor ese momento veinticinco siglos atrás que cuando contempló la Luz, la Eternidad, a Dios. Porque él al contemplar ese punto, entendió y a su vez fue todo eso, él fue Neptuno admirando la sombra de la nave Argo, fue la nave, fue el agua, fue uno de los argonautas encima de la nave, etc. En definitiva, él fue la verdad, fue la luz que es verdadera por sí misma, la cual hace que fuera de ella todo sea defectivo, mientras lo que es allí es perfecto.

Argo fue la primera nave, este suceso corresponde a la mitología griega, en ella los navegantes con Jasón a la cabeza fueron por el vellocino de oro. Es el origen de la civilización, del comercio. Neptuno antes estaba habituado a ver pedazos de leño flotando, o animales, otra cosa, entonces cuando ve la nave se admira de ver algo nuevo. Este símil o comparación es maravilloso, ¡habla del asombro de un dios en el fondo del mar contemplando algo! Uno pensando estos versos hermosos desde la perspectiva del dios -cómo vio la nave desde el fondo del mar- se asombra de la maravillosa belleza poética en Dante, porque además el océano da sensación de profundidad y de vastedad inconmensurable, adjetivos que pueden calificar la experiencia que sufrió Dante, ya que dice:

Io credo, per l'acume ch'io soffersi
del vivo raggio, ch'i' sarei smarrito,
se li occhi miei da lui fossero aversi


Yo creo, por la agudeza que sufrí
del vivo rayo, que yo me habría perdido
si mis ojos se hubiesen apartado de él

Ha visto algo realmente bello, y la idea de trasfondo es que la belleza "puede hacer mal". Dice que su vista se consume. Ve un punto ligado con amor en que se ahonda todo lo que se abre en el universo. Sustancias, accidentes y su costumbre. Dios es el amor, entonces al mirarlo él cambia, como atestigua:

Ma per la vista che s'avvalorava
in me guardando, una sola parvenza,
mutandom' io, a me si travagliava

Pero por la vista que cobraba más valor
en mí mirando, una sola apariencia,
yo mutándome, a mí se trastocaba

También comenta que ve la efigie humana, porque su rostro estaba metido en ella, vio no sólo su rostro, sino los rostros de todos los humanos eternamente, los del pasado, los de ahora -los suyos y el mío- y los de futuro.

Dentro da sé, del suo colore stesso,
mi parve pinta de la nostra effige:
per che 'l mio viso in lei tutto era messo


Dentro de sí, de su mismo color,
me pareció ver pintada nuestra efigie
porque mi rostro en ella estaba todo metido

Él no puede entender cómo mirando a Dios se puede ver a sí mismo, y aquí es donde Roberto Benigni (cuya interpretación es maravillosa, y en la cual me baso en parte para este comentario -noblesse oblige- del paraíso dantesco) dice: "Sólo siendo Dios se puede hablar de Dios". Ya que Dante está allí y él mismo por ver la eternidad, se da cuenta de que al formar parte de ella es la Verdad misma, él puede aprehender la Verdad eterna y serla al mismo tiempo, al ver lo que quiere ver al final de su peregrinaje cósmico, se da cuenta de la eternidad de su alma y de la suma felicidad del paraíso en torno a Dios, está a punto de desfallecer del éxtasis, se está por incinerar y entregarse a la felicidad perpetua. Ya no quiere volver más al mundo, ¿quién querría después de experimentar eso?

Los últimos versos son estos:

ma non eran da ciò le proprie penne:
se non che la mia mente fu percossa

da un fulgore in che sua voglia venne.

A l'alta fantasia qui mancò possa;
ma già volgeva il mio disio e 'l velle,
come rota ch'igualmente è mossa,
l'amor che move il sole e l'altre stelle.


Mas no bastaban las propias alas:
si no que mi mente fue herida
de un fulgor que vino en su voluntad.

A la alta fantasía aquí faltaron fuerzas;
mas ya giraba mi deseo y mi voluntad,
así como rueda que es igualmente movida,
el amor que mueve el sol y las otras estrellas.

En estos últimos versos nos describe el momento en que finalmente entendió todo, él siente un fulgor que lo hiere de tanta claridad. Dice que a la fantasía faltaron fuerzas, o sea, la fantasía humana puede alcanzar niveles insospechados, pero para la percepción y el momento que vivió le faltan fuerzas.

Esta parte final es de extraordinaria belleza. Dante usa el ejemplo de una rueda que es igualmente movida para dar cuenta de cómo todo gira en el mundo, perfecta, equilibradamente cómo la figura del cosmos en la armonía, cómo todo gira en el ser en la maravilla de la vida, en la extraordinariedad de estar vivos. Y así quien gira su deseo y su voluntad como una rueda igualmente movida es Dios, o sea: el amor que mueve el sol y las otras estrellas.

Vuelve en sí por intercesión de la Virgen, que había prometido cuidar de sus facultades y mantenerlo sano luego de la vivencia divina. Vuelve con nosotros al mundo para contarnos que vio a Dios, que vio el infinito en la dicha eterna, que estuvo en el paraíso. Y éste es un regalo que hace a la humanidad, un regalo vivificante y conmovedor, de aquel entonces y para siempre.

viernes, 28 de diciembre de 2007

La noche cíclica


Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:

los astros y los hombres vuelven cíclicamente;

los átomos fatales repetirán la urgente

Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.


En edades futuras oprimirá el centauro

con el casco solípedo el pecho del lapita;

cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita

noche de su palacio fétido el minotauro.


Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.

La mano que esto escribe renacerá del mismo

vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.

(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa).


No sé si volveremos en un ciclo segundo

como vuelven las cifras de una fracción periódica;

pero sé que una oscura rotación pitagórica

noche a noche me deja en un lugar del mundo


que es de los arrabales. Una esquina remota

que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste,

pero que tiene siempre una tapia celeste,

una higuera sombría y una vereda rota.


Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres

trae el amor o el oro, a mí apenas me deja

esta rosa apagada, esta vana madeja

de calles que repiten los pretéritos nombres


de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...

Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,

las repúblicas, los caballos y las mañanas,

las felices victorias, las muertes militares.


Las plazas agravadas por la noche sin dueño

son los patios profundos de un árido palacio

y las calles unánimes que engendran el espacio

son corredores de vago miedo y de sueño.


Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;

vuelve a mi carne humana la eternidad constante

y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:

«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»



El otro, el mismo (1964)

JORGE LUIS BORGES