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lunes, 30 de agosto de 2010

La liberación del amor


«Hay tres condiciones que a menudo se parecen
pero se diferencian completamente, florecen en el mismo seto vivo:
apego a uno mismo y a las cosas y a las personas, desapego
de uno mismo y de las cosas y de las personas; y, creciendo entre ellos, la [indiferencia
que se parece a las otras como la muerte se parece a la vida,
estando entre dos vidas -sin florecer, entre
la ortiga viva y la muerta. Ésta es la utilidad de la memoria:
para la liberación –no menos amor, sino expansión 
del amor más allá del deseo, y así liberación
del futuro como del pasado. De esta forma, el amor a un país
empieza como apego a nuestro propio campo de acción
y llega a encontrar que esa acción es de poca importancia
aunque nunca indiferente. La Historia puede ser servidumbre,
la Historia puede ser libertad. Mira, ahora se desvanecen,
los rostros y los lugares, con el yo que, como pudo, los amó,
para ser renovados, transfigurados, en otro patrón.

El pecado es inevitable, pero
todo irá bien, y
toda clase de cosas saldrá bien.
Si pienso, de nuevo, en este lugar,
y en gente, no del todo recomendable,
sin parentesco ni bondad inmediatos,
pero de algún genio peculiar,
tocada por un genio común,
unidos en la lucha que los dividió;
si pienso en un rey al anochecer,
en tres hombres, y más, en el patíbulo
y unos pocos que murieron olvidados
en otros lugares, aquí y en el extranjero,
y en uno que murió ciego y callado
¿Por qué deberíamos celebrar
estos hombres muertos más que a los moribundos?
No es tañer la campana al pasado
ni tampoco es un encantamiento
para evocar el espectro de una Rosa.
No podemos revivir viejas facciones
no podemos restaurar viejas políticas
ni seguir un antiguo tambor.
Estos hombres, y los que se les opusieron
y aquellos a los que se opusieron
aceptan la constitución del silencio
y están congregados en un único partido.
Cualquier cosa que heredamos de los afortunados
hemos tomado de los derrotados
lo que tenían para dejarnos –un símbolo:
un símbolo perfeccionado en la muerte.
Y todo irá bien y
toda clase de cosas saldrá bien
por la purificación del motivo
en la causa de nuestra súplica».


T. S. Eliot, "Little Gidding", III. En Four Quartets.


Texto en inglés:


«There are three conditions which often look alike
Yet differ completely, flourish in the same hedgerow:
Attachment to self and to things and to persons, detachment
From self and from things and from persons; and, growing between them, [indifference
Which resembles the others as death resembles life,
Being between two lives—unflowering, between
The live and the dead nettle. This is the use of memory:
For liberation—not less of love but expanding
Of love beyond desire, and so liberation
From the future as well as the past. Thus, love of a country
Begins as attachment to our own field of action
And comes to find that action of little importance
Though never indifferent. History may be servitude,
History may be freedom. See, now they vanish,
The faces and places, with the self which, as it could, loved them,
To become renewed, transfigured, in another pattern.



Sin is Behovely, but
All shall be well, and
All manner of thing shall be well.
If I think, again, of this place,
And of people, not wholly commendable,
Of no immediate kin or kindness,
But of some peculiar genius,
All touched by a common genius,
United in the strife which divided them;
If I think of a king at nightfall,
Of three men, and more, on the scaffold
And a few who died forgotten
In other places, here and abroad,
And of one who died blind and quiet
Why should we celebrate
These dead men more than the dying?
It is not to ring the bell backward
Nor is it an incantation
To summon the spectre of a Rose.
We cannot revive old factions
We cannot restore old policies
Or follow an antique drum.
These men, and those who opposed them
And those whom they opposed
Accept the constitution of silence
And are folded in a single party.
Whatever we inherit from the fortunate
We have taken from the defeated
What they had to leave us -a symbol:
A symbol perfected in death.
And all shall be well and
All manner of thing shall be well
By the purification of the motive
In the ground of our beseeching».



He aquí un camino inusitado hacia el amor, 
la verdad que nos hace libres y
el provecho de la memoria.

Es necesario tener los pies firmes en este preciso y precioso instante que es el presente.
En estos versos sublimes, se hace patente el optimismo y la fe en la gracia de Dios, que transfigura a los seres humanos.

Aquellos que fallecieron han dejado tras de sí un símbolo perfeccionado en la muerte porque ésta evidencia que el símbolo es para siempre, como lo somos nosotros.

Finalmente, podemos notar -por lo visto en mi blog- cómo varían los matices y las formas de uno de los temas principales de Cuatro Cuartetos, que es el tiempo. Éste, es a su vez, la primer palabra del poemario. El título del poemario no es casual. Hay una recurrencia en temas e imágenes que subrayan las analogías de la música y de la poesía, entre las cuales se encuentra la búsqueda trascendente que se pueden sentir en ambas. En esta obra maestra, el motivo (musical) es a la imagen lo que la nota es a la palabra. El matiz varía, según el contexto, como la armonía de su poesía conforme ejecuta su arte al tempo giusto.

Espero que disfruten de este formidable poeta a cuya lectura los urjo a comenzar. 







martes, 16 de marzo de 2010

La humildad

Descubrí leyendo hace poco una idea edificante sobre la cual sustentar una forma de ser en lo sucesivo que haga bien a uno mismo y a los demás. Así resulta interesante, como toda idea susceptible de comportar un bien en todos y hacer mella en nuestro estado de ánimo para ser felices y vivir en paz. Bien decía Séneca que ninguna posesión de cualquier bien es agradable si no se comparte con alguien[1]. Es una idea que como muchas, sólo resta llevarla a la práctica; ese trecho del dicho al hecho que no siempre transitamos. Es esta:

«The only wisdom we can hope to acquire / is the wisdom of humility: humility is endless» (“La única sabiduría que podemos esperar adquirir / es la de la humildad: la humildad no tiene fin”). La encontramos en el libro Four Quartets ("Cuatro Cuartetos") de T.S. Eliot, poema "East Cocker", II.


No es la erudición que es orgullo y corteza; quitándola nos quedamos con el meollo: el amor humilde. El conocimiento envanece, mientras que el amor edifica, como dice San Pablo[2]. Diría que existen la sabiduría de la humildad y la del amor; éstas son una y la misma porque es imposible ser humilde excepto amando a los demás, y porque es imposible amar a los demás excepto siendo humilde. Y es imposible hacer ninguna de las dos cosas sin un completo sometimiento, dejando ir el miedo a la posesión, el miedo de pertenecer a otro, o a otros, o a Dios.

Espero que encuentren útil este consejo y que ilumine sus días como los míos. Si me permiten, les observaré una forma conveniente de proceder: Entiendan la máxima y, a su vez, compréndanla sopesando los efectos que tendría, luego reténganla en la memoria como algo bueno, bello y justo, y finalmente llévenla a la práctica para ser humilde entre los humildes.


[1] Séneca, Cartas a Lucilio, Carta VI.
[2] Cf. 1 Corintios, 8: 1.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Dones de la música


El oboe del padre Gabriel, que es Ennio Morricone, y acaso, la Palabra y Su luz.
El pizzicato final del Primer Movimiento de La Patética y La Fuerza del Destino en el Segundo Movimiento de la Quinta Sinfonía en Tchaikovsky.
El vibrato estentóreo de Louis Armstrong.
El do de pecho esplendoroso de Luciano Pavarotti.

La Reina de la Noche en La Flauta Mágica, la Obertura de Las Bodas de Fígaro y el Réquiem en Mozart.
Los violoncellos de Bach.
El Coro de los Peregrinos de Wagner en Tannhäuser.
Los cuatro ciclos al tempo de Vivaldi.
El Ave María de Schubert.

La Novena Sinfonía de Beethoven.
La pompa de Verdi y sus circunstancias.
El amor de Puccini y sus heroínas.
El intermezzo de Mascagni.
Las oberturas de Rossini.
La 18va Variación de Rachmaninov sobre un tema de Paganini.

La Mañana de Edvard Grieg.
El Claro de Luna de Debussy.


La melodía que ha quedado en el olvido,
la parte más profunda de la memoria,
cuya armonía habré de recordar.
Los dones que aún no conozco.

sábado, 22 de agosto de 2009

Una verdad de la razón


Evitemos de ahora en más un equívoco frecuente de la vida cotidiana. Me refiero a la locución adverbial tener razón que significa “estar en lo cierto”. Solemos usarla, vale aclarar, cuando alguien dice algo acertado, correcto o verdadero. La idea es clara.

Ahora bien, puede ocurrir que uno crea tener razón y en realidad diga algo falso. Y el problema reside en que si refutamos lo dicho a esa persona le decimos que no tiene razón cuando en realidad la tiene porque o todos tenemos razón o nadie tiene razón. Quiero decir que el hombre es sapiens, esto es, que sabe, que está constituido por la razón. Si es algo que nos constituye como tales no podemos decir que no tenemos razón; todos la tenemos.

La razón nos acerca a la verdad y cuando la hallamos no importa de quién viene, sino llegar a ella[1]; si alguien nos ayuda tanto mejor. Porque es en el diálogo como nos podemos ayudar a encontrarla. Platón ya lo supo, por eso compuso sus textos en forma dialógica creando la dialéctica, el arte de dialogar.

Hoy día tristemente (y cuando decimos hoy día solemos referir un estado de cosas que es desde que el mundo es mundo), la gente se obstina en querer tener razón. Discusiones encarnizadas entre partes que no buscan llegar a una verdad sino complacerse a sí mismas en una guerra dialógica, que a veces no llega a diálogo porque desmerece al lógos -morfema que compone a la palabra diálogo-, y se reduce a mera charla que no comporta ningún fin útil a ninguna de las partes. Esto es un error, “se entiende que una persona pierde y otra gana, lo cual es un modo de estorbar la verdad o de hacerla imposible”[2], dice Borges. Es una mera vanidad personal querer tener razón.

No ha de ser así. La palabra debe ser constructiva, cuando no creativa. Se ha hecho el mundo con ella. Si Dios no hubiera hablado no habría nacido el mundo. Recordemos los versículos iniciales del Evangelio según San Juan:

En el principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.


¿Qué provecho habrá en hablar sin un fin positivo que procure hallar en las cosas su realidad, su existencia, que quiera develar algo que está tapado y que ignoramos? Pues eso significa la verdad en griego: aletheia (quitar el velo a algo oculto). Según la doctrina platónica conocer es recordar; Francis Bacon añadió que ignorar es haber olvidado[3].

Como toda afirmación es excluyente, por lo susodicho no se debe entender que el fin que propongo deba ser el único que tenga la palabra. Hay muchos y nobles. Básteme enunciar la presencia de éste para poner sobre aviso a los gentiles lectores.

Pareciera que actualmente estamos en las antípodas de la dialéctica platónica. Lejos del arte de dialogar. Borges en diálogo con Bioy Casares dice: “Siempre me asombra que la gente no oiga lo que dice” Gente que se especializa en la minuciosa anécdota pointless (sin sentido)[4], que no va al grano. Y Benigni en su película El tigre y la nieve: «Se le parole non sono giuste nulla è giusto. Trovare le parole giuste per far battere il cuore all'altro, così come batte a me!» (“Si las palabras no son justas nula es justo. ¡Encontrar las palabras justas para hacerle batir el corazón al otro, así como me bate a mí!”). Precisamente porque la palabra es nuestro insuflo divino[5], lo que nos hace distintos de los animales. La vida al ser un talento debe dar fruto (Mateo 25: 14-30) En cambio, se habla sin sustancia y fuera de propósito (Mateo 12: 36). ¿Quién no ha tenido estas charlas aburridas? ¿Y sobre todo quién está dispuesto a cuestionarse si el interlocutor está en lo cierto y uno no? Quien nada duda nada sabe decían los griegos que sabían muchas cosas. Eventualmente no queremos confrontar nuestras preferencias, y eso hace que se cristalicen en prejuicios[6]. En ello reside la dificultad. Pero debemos mantenernos abiertos y curiosos, pues como dice Savater: “el espíritu nace de la búsqueda incesante de formas diferentes de ser semejantes”[7]. Pienso que es un acto de coraje y de amor al conocimiento y a la verdad.



Un ejemplo claro de que importan más las verdades que su procedencia está en los refranes. Los nombres de quienes los han creado se han perdido. La sociedad que atesora estos refranes los ha retenido en su memoria porque encierran verdades; algo bueno, bello y justo, como hemos dicho que hace la tradición evocando las palabras de San Pablo[8]. Encierran algo que es bello por ser inteligible sin reflexión, como dijera André Maurois.

Y es que el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer. El hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende y aun lo que comprende como Sócrates (en su frase atribuida): “Sólo sé que no sé nada” Creo que el escepticismo debe tener un límite, y que es un uso erróneo de la razón. Es Blaise Pascal quien nos enseña en sus Pensamientos cómo debemos usar la razón (268):


“Hay que saber dudar donde es necesario,

afirmar donde es necesario, sometiéndose donde es necesario.

Quien así no procede no entiende la fuerza de la razón.

Hay quienes fallan contra estos tres principios, ya sea afirmando

todo como demostrativo, por falta de conocimientos

en demostración: ya sea dudando de todo, por falta de saber

dónde hay que someterse, ya sea sometiéndose en todo, por

falta de saber dónde hay que juzgar”.


Y será Borges, aun cuando se define esencialmente escéptico[9], quien dirá con acierto que un “sofisma consiste en negar lo que no es fácil de definir. Quizá no se pueda precisar cuándo acaba el día y empieza la noche; pero nadie confunde el día con la noche”[10]. Que algo sea difícil de definir no significa que no sea y que se pueda negar. Repito, todos queremos creer en algo y que nos crean. Recuerdo a Don Quijote diciéndole al oído a su escudero: “-Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos. Y no os digo más”[11].



Finalmente, en la busca de la verdad hay –
grosso modo
- dos posturas:

a- Quienes creen que es imposible llegar a ella.
b- Quienes dicen que la verdad es Dios.


Esta división comporta concepciones del ser humano acerca del más allá y creencias religiosas sin duda. La segunda postura está sustentada en la Biblia (véase, por ej, I Juan 5: 6 y Juan 14: 6), que es Palabra de Dios (ya citamos los versículos iniciales del Evangelio según San Juan). Algunos acusan a la Iglesia de rebajar la razón, pero es al contrario: “La Iglesia es lo único que, en la tierra, hace de la razón un objeto supremo; la única que afirma que Dios mismo está sujeto por la razón”[12] sostiene Chesterton. Eso procuró la teología con su escolástica, llegar a Dios mediante la razón.


Claro que buscar la verdad es arduo porque la vida en su misterio es inagotable, como nos recuerda Hamlet:

«There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy»[13].

Pero la vida sin misterio sería insulsa y aburrida. Si supiéramos todo nada nos quedaría por saber. Felizmente podemos estar en desacuerdo, pero siempre respetando y tolerando al otro. Sigamos pues ayudándonos en la busca de la verdad haciendo uso de nuestra razón sin acobardarnos ni envanecernos. Yo, estoy con ustedes.

[1] Cf. la frase «Amicus Plato, sed magis amica veritas» Esto es: “Platón es mi amigo, pero la verdad es más mi amiga”. La verdad puede venir de un filósofo o pensador cualquiera, no importa de quién, sino que sea una verdad. Eso es más importante.

[2] Borges, Jorge Luis, Ferrari, Osvaldo, Reencuentro, diálogos inéditos, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1999, p. 208.

[3] Cf. Epígrafe del cuento “El inmortal” en El Aleph, Jorge Luis Borges.

[4] Bioy Casares, Adolfo, Borges, Ed. Destino, Buenos Aires, 2006, p. 106.

[5] Cf. Génesis, 2: 7.

[6] Cf. Martínez, Guillermo, La fórmula de la inmortalidad, Ed. Seix Barral, Buenos Aires, 2005, p. 11.

[7] Savater, Fernando, La vida eterna, Ed. Ariel, 2007, p. 175.

[8] Cf. 1 Tesalonicenses, 5: 21.

[9] Cf. Epílogo de Otras inquisiciones.

[10] Bioy Casares, Adolfo, Borges, Ed. Destino, Buenos Aires, 2006, p. 61.

[11] Cervantes, Miguel, Don Quijote de la Mancha, Ed. RAE, 2004, p. 865.

[12] Cf. Chesterton, Gilbert Keith, El candor del padre Brown, Ed. Losada, Buenos Aires, 1939, p. 23.

[13] Hamlet, 1,5, v. 186. “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía”.


jueves, 6 de agosto de 2009

Ars longa vita brevis

Cabe destacar diferencias con respecto a la composición, ejecución, interpretación y espectáculo de las artes. En las plásticas y en la literatura el autor compone, luego el espectador interpreta el espectáculo. Pero a la música, además de componérsela para el espectador que la interpreta, se la ejecuta. Ella puede tener interpretante y ejecutante. En ello reside una de las preponderancias de la música sobre otras artes. A su vez, cada ejecución es única y distinta a todas, ya si se la ejecuta al tempo giusto[1] o no.

Es un arte para el otro. Sin su ejecución no se puede hacer presente, no puede ser, no se complementa con la partitura. De todas formas, recordemos que antiguamente se prescindía de las partituras, porque todo era de memoria. ¿Qué importaba tener la música en una partitura si ya se podía hacer presente al ser evocada por la memoria, si ya era parte de uno al habérsela apropiado? La memoria, que es instrumento del conocimiento, es afectiva. Nos acordamos de lo que tenemos para nosotros como bien. En las palabras “a-cor-dar-se” y “re-cor-dar” permanece la voz latina cor, cuyos significados pueden ser “corazón” e “inteligencia”. Y en inglés y en francés, “aprender de memoria” se dice learn by heart y apprendre par coeur respectivamente. Ambas frases idiomáticas, contienen las palabras heart y coeur (corazón). De manera que el vínculo del conocimiento con lo afectivo es evidente. No resulta extraño porque uno de los deseos que mueve al hombre en la prosecución de la felicidad es, como dice San Pablo en una de sus cartas, el de conocer (libido cognoscendi). Este deseo es uno de los innumerables caminos de la felicidad.

Pues bien, todo arte debe ser en última instancia para el otro. Claro que esto nos lleva a discutir para qué o quién es el arte. Sin entrar en tema ahora, un fin que ennoblezca al arte será una suerte de altruismo que procure el bien del otro. Esta es una concepción útil, positiva, optimista y conveniente del arte. Dicho más prácticamente, en otras palabras: es para tenerla a mano. No se me ocurre otra mejor. ¿Quién legará a generaciones por venir un arte que no tenga algo de bueno, bello y justo[2] (lo que se debe a cada uno), un arte que a partir de su contemplación no comporte un bien que la vida contiene, un arte que no genere una fruición intelectual de conocimiento que nos acerque más a la verdad, al término de todo anhelo del que siempre quiere llegar a conocer, el absoluto?

Obviamente no se trata de negar u obviar lo que está mal en el mundo, sólo de ver la piedra de toque de la vida y del arte positivamente a través de las creaciones y de sus creadores. Quiero decir, de buscar lo bueno que hay en los frutos del hombre y de Dios, los uvas de los sarmientos en la vid. En esa busca nos interiorizamos ahondándonos en nuestra condición de una riqueza inmensa para exteriorizarnos al compartir los hallazgos y las dudas con el otro para enriquecerlo. Pues nos va la busca del conocimiento en hallar tanto soluciones como problemas. Al recordar que los últimos existen (pues como dice Bacon, ignorar es haber olvidado), procuramos en lo sucesivo solucionarlos. Este ejercicio es como tirar un ancla y descubrir con estupor que el mar de nuestra humanidad no tiene fondo. Es medir el infinito, que no tiene medida. Buscar el centro de una sortija inasible, la medida de nuestro tiempo.


Resulta entonces positivo y provechoso. No hay provecho en querer ver obstinadamente sólo lo negativo, y si lo hay que me convenzan. Los grandes poetas nos muestran lo malo y lo bueno del mundo, como hizo Dante con la Divina Commedia. En ella, si hacemos el viaje celestial de Dante, para llegar a conocernos a nosotros mismos[3] y a Dios cuando trashumanamos[4] (neologismo dantesco que significa pasar de nuestro estado natural al sobrenatural mediante la gracia que nos concede Dios) debemos primero atravesar el Infierno, y mirar cara a cara el mal para arrepentirnos de los pecados que hayamos cometido, y así expurgarnos en el Purgatorio para llegar al Edén terrenal, ese que habitaron Adán y Eva, y luego ocupar el lugar que nos toque en suerte en el Paraíso, en el cuerpo místico que vive en torno a Dios y exhuma la Redención y sacrificio de Jesucristo que salvó al hombre; en la rosa de las rosas, no la del arquetipo de Platón, no la de la poesía, no la jamás vista, no la del jardín cerrado de la Virgen, sino la de los Hijos de Dios en su Reino.

Finalmente, estoy de acuerdo con Borges cuando considera a la Divina Commedia como el ápice, la cima de todas las literaturas[5]. Hechos estéticos como éste son los que debe legar la tradición a la Humanidad.

[1] Tiempo en el que está compuesta la música de la obra por el compositor. Véase el libro Elogio de la lentitud de Carl Honoré. Allí hace una analogía de la música con la vida, que debe ser vivida al tempo giusto. Pondera la lentitud pero nos advierte que a veces los pasos deben ser acelerados (como en la música accelerando) y a veces lentos (rallentando). Es una hermosa analogía porque da cuenta de que la vida es música, y ésta armonía, y ésta una cualidad del cosmos, el universo que con su orden produce una música armónica y hermosa perceptible al oído sensible a lo estético.

[2] Cfr. Primera carta de San Pablo a los tesalonicenses, 5, 21: “Prueben todo, lo que es bueno, reténganlo”. “Lo que es bueno” es una traducción insoluble del concepto griego tò kalòn, que significa tanto lo bueno, lo bello como lo justo.

[3] Par. XXXIII, vv. 131-132: mi parve pinta de la nostra effige; / per che ‘l mio viso in lei tutto era messo. Él se da cuenta de su alma inmortal cuando se observa a sí mismo al contemplar la Luz Eterna que es Dios, y entiende todo, y es todo.

[4] Par. I, vv. 70-72: Trasumanar significar per verba / non si poria; però l’essemplo basti / a cui esperienza grazia serba.

[5] Cfr. “La divina comedia” en Siete noches, Jorge Luis Borges.

martes, 24 de marzo de 2009

Elogio del aprendizaje de memoria


Suele escucharse decir que aprender de memoria no es buen consejo a la hora de estudiar. Creo, en cambio, que es un paso muy importante a seguir porque sirve para profundizar bien el objeto de estudio. Debe aclararse que se suele aprender de memoria para exámenes de diversa índole como quien sortea obstáculos, valiéndose de la aptitud que tenemos en la memoria para poder finalmente aprobar el examen. Conseguido esto, generalmente se olvida con el tiempo lo que la mente retuvo. Para el caso son útiles -como sabemos- las mnemotecnias que nos permiten retener lo aprendido por más tiempo.

Sin embargo, hay que aprender de memoria. Pero en este ejercicio de retención en la mente, se debe volver periódicamente para recordar lo aprendido, como se riega una planta para darle vida. Sólo que el período de riego será distinto según la memoria de cada persona. Hecho esto, se mantiene en la mente lo aprendido y es un bagaje cultural y un tesoro personal que nos pueden ser útiles en cualquier momento. Ya decía Dante en su Commedia que no se hace ciencia habiendo entendido sin retener [1], visto que podemos entender varias cosas, pero si no las retenemos, luego es probable que las olvidemos.

Una ventaja importante que comporta el aprendizaje de memoria de un hecho científico, mediante la experiencia racional de la vida, es que damos con el conocimiento, lo que puede ser llamado “episteme. Ésta suele ser contrapuesta en la filosofía platónica a la “doxa”, que puede ser traducida como “opinión”. Éste es el enfoque epistemológico en relación a la memoria, la cual puede ser un camino fructífero para aprender. Y más aún cuando producimos conocimiento. Objetivo por antonomasia de la ciencia.

En inglés aprender de memoria se dice to learn by heart y en francés apprendre par coeur. Son expresiones idiomáticas. Y las señalo por la curiosidad de la presencia de la palabra “corazón” (heart y coeur). De alguna forma lo aprendido de memoria es por un motivo que en estas dos lenguas en principio fue por corazón (by heart y par coeur). Bien puede ser una razón afectiva el móvil del aprendizaje de memoria. Y esto los hablantes de inglés o de francés ciertamente no lo piensan hoy día cuando usan estas expresiones.

Ahora bien, el centro de la actividad racional como sabemos es la cabeza, pero en la Antigüedad Aristóteles situaba ese centro en el pecho, donde encontramos el corazón, que es motivo y/o instrumento de aprendizaje en las expresiones idiomáticas de las lenguas referidas. La relación me parece extraña, y a su vez, interesante porque muestra a las claras un comportamiento del ser humano ante la realidad. Y si nos detenemos en la palabra latina cor veremos que sus significados pueden ser tanto “corazón” como “inteligencia”, de manera que nos permite notar que la relación del conocimiento a través del afecto es evidente. Cor permanece en otras palabras de nuestro idioma tales como “a-cord-arse” o “re-cord-ar”. La relación aludida no nos resulta extraña ya que el hombre, tal como dice San Pablo en una de sus cartas, tiene el deseo de conocer (libido cognoscendi), y éste puede ser una forma de felicidad.

He encontrado una relación con respecto a la retención en la memoria de dos artes distintas, que son la música y la literatura. Con aquélla solemos retener las melodías que más nos gustan, y eso sucede sin que lo decidamos porque la mente retiene aquello que le gusta por estar escuchando con atención. Y en cambio, con la literatura, uno retiene los pasajes que más le gustan pero por una decisión. Creo que ambas artes son retenidas con más o menos conciencia, según el caso. A mí personalmente me ha pasado con poesía. Leyendo y releyendo el último canto del Paraíso de la Commedia de Dante noté con asombro que al cabo de varias lecturas y meditaciones algunos versos quedaban en mi memoria. Al principio quizá un par de versos, luego ya un terceto entero, luego otros más. Éste fue el motivo a que me decidiera a ir por más, y he aprendido todo el canto, que está compuesto por estrofas de tres versos. Los versos pares riman entre sí, y asimismo los impares, de manera que aprenderlos no resulta difícil. El genio de Dante se cuidó inclusive de estos detalles. La estructura de las estrofas es tal como si fueran anillos que engarzan unos con otros sucesivamente.

Ahora, en estos meses he aprendido poesías de Borges de memoria. El mejor hacedor poético de la lengua castellana[2]. Y luego de haber tenido esta experiencia con los dos poetas, puedo decir que es algo enriquecedor. Cada tanto vienen de improviso versos a la memoria cuando me pasa algo que estos versos poetizan. La melancolía, por ejemplo: “El hoy fugaz es tenue y es eterno; / otro Cielo no esperes, ni otro Infierno en versos de Borges (poema “El instante”) por nombrar un caso.

El camino de la memoria hay que recorrerlo con paso decidido. Y las formas son muchas, como puede ser leer, hacer crucigramas u otras. Yo propongo la de aprender poesías de memoria, ya que la poesía puede ser alimento vital del alma, y porque no sólo de pan vive el hombre. Nuestra mente y la vida siguen siendo un misterio, y siempre lo serán. Ahondar en éste usando la memoria es una manera de afrontar la vida amorosamente, by heart.

[1]Par. V, vv. 41-42: …non fa scïenza, / sanza lo ritenere, avere inteso.

[2] Así como Dante habla de Arnaut Daniel en Purg, XXVI, v. 117. como il miglior fabbro del parlar materno (“el mejor forjador del hablar materno”). Se refiere a los poetas en lenguas vernáculas y no en latín, que en caso de este famoso poeta es el provenzal. Dante en este pasaje metaforiza el arte de hacer versos con el herrero que forja versos con su arte y relumbran como el oro.