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lunes, 30 de agosto de 2010

La liberación del amor


«Hay tres condiciones que a menudo se parecen
pero se diferencian completamente, florecen en el mismo seto vivo:
apego a uno mismo y a las cosas y a las personas, desapego
de uno mismo y de las cosas y de las personas; y, creciendo entre ellos, la [indiferencia
que se parece a las otras como la muerte se parece a la vida,
estando entre dos vidas -sin florecer, entre
la ortiga viva y la muerta. Ésta es la utilidad de la memoria:
para la liberación –no menos amor, sino expansión 
del amor más allá del deseo, y así liberación
del futuro como del pasado. De esta forma, el amor a un país
empieza como apego a nuestro propio campo de acción
y llega a encontrar que esa acción es de poca importancia
aunque nunca indiferente. La Historia puede ser servidumbre,
la Historia puede ser libertad. Mira, ahora se desvanecen,
los rostros y los lugares, con el yo que, como pudo, los amó,
para ser renovados, transfigurados, en otro patrón.

El pecado es inevitable, pero
todo irá bien, y
toda clase de cosas saldrá bien.
Si pienso, de nuevo, en este lugar,
y en gente, no del todo recomendable,
sin parentesco ni bondad inmediatos,
pero de algún genio peculiar,
tocada por un genio común,
unidos en la lucha que los dividió;
si pienso en un rey al anochecer,
en tres hombres, y más, en el patíbulo
y unos pocos que murieron olvidados
en otros lugares, aquí y en el extranjero,
y en uno que murió ciego y callado
¿Por qué deberíamos celebrar
estos hombres muertos más que a los moribundos?
No es tañer la campana al pasado
ni tampoco es un encantamiento
para evocar el espectro de una Rosa.
No podemos revivir viejas facciones
no podemos restaurar viejas políticas
ni seguir un antiguo tambor.
Estos hombres, y los que se les opusieron
y aquellos a los que se opusieron
aceptan la constitución del silencio
y están congregados en un único partido.
Cualquier cosa que heredamos de los afortunados
hemos tomado de los derrotados
lo que tenían para dejarnos –un símbolo:
un símbolo perfeccionado en la muerte.
Y todo irá bien y
toda clase de cosas saldrá bien
por la purificación del motivo
en la causa de nuestra súplica».


T. S. Eliot, "Little Gidding", III. En Four Quartets.


Texto en inglés:


«There are three conditions which often look alike
Yet differ completely, flourish in the same hedgerow:
Attachment to self and to things and to persons, detachment
From self and from things and from persons; and, growing between them, [indifference
Which resembles the others as death resembles life,
Being between two lives—unflowering, between
The live and the dead nettle. This is the use of memory:
For liberation—not less of love but expanding
Of love beyond desire, and so liberation
From the future as well as the past. Thus, love of a country
Begins as attachment to our own field of action
And comes to find that action of little importance
Though never indifferent. History may be servitude,
History may be freedom. See, now they vanish,
The faces and places, with the self which, as it could, loved them,
To become renewed, transfigured, in another pattern.



Sin is Behovely, but
All shall be well, and
All manner of thing shall be well.
If I think, again, of this place,
And of people, not wholly commendable,
Of no immediate kin or kindness,
But of some peculiar genius,
All touched by a common genius,
United in the strife which divided them;
If I think of a king at nightfall,
Of three men, and more, on the scaffold
And a few who died forgotten
In other places, here and abroad,
And of one who died blind and quiet
Why should we celebrate
These dead men more than the dying?
It is not to ring the bell backward
Nor is it an incantation
To summon the spectre of a Rose.
We cannot revive old factions
We cannot restore old policies
Or follow an antique drum.
These men, and those who opposed them
And those whom they opposed
Accept the constitution of silence
And are folded in a single party.
Whatever we inherit from the fortunate
We have taken from the defeated
What they had to leave us -a symbol:
A symbol perfected in death.
And all shall be well and
All manner of thing shall be well
By the purification of the motive
In the ground of our beseeching».



He aquí un camino inusitado hacia el amor, 
la verdad que nos hace libres y
el provecho de la memoria.

Es necesario tener los pies firmes en este preciso y precioso instante que es el presente.
En estos versos sublimes, se hace patente el optimismo y la fe en la gracia de Dios, que transfigura a los seres humanos.

Aquellos que fallecieron han dejado tras de sí un símbolo perfeccionado en la muerte porque ésta evidencia que el símbolo es para siempre, como lo somos nosotros.

Finalmente, podemos notar -por lo visto en mi blog- cómo varían los matices y las formas de uno de los temas principales de Cuatro Cuartetos, que es el tiempo. Éste, es a su vez, la primer palabra del poemario. El título del poemario no es casual. Hay una recurrencia en temas e imágenes que subrayan las analogías de la música y de la poesía, entre las cuales se encuentra la búsqueda trascendente que se pueden sentir en ambas. En esta obra maestra, el motivo (musical) es a la imagen lo que la nota es a la palabra. El matiz varía, según el contexto, como la armonía de su poesía conforme ejecuta su arte al tempo giusto.

Espero que disfruten de este formidable poeta a cuya lectura los urjo a comenzar. 







domingo, 6 de junio de 2010

La Palabra

«Console-toi, tu ne me chercherais pas, si tu ne m'avais trouvé»
Pascal, Pensées, 553. 

La introspección tiene una importancia trascendental en nuestra vida, tanto más cuando se hace en silencio ya que con él es más fácil escuchar nuestra propia conciencia y así discernir lo justo de lo falso y juzgar lo que nos pasa. Nuestro móvil siempre es una presencia que no parte de doctrinas o filosofías porque hacemos las cosas por el impacto que nos causa otro. El encuentro es la dinámica del ser humano en el acontecimiento vital que la presencia del otro nos suscita.

En estos versos formidables Eliot poetiza sobre la palabra y el lógos que está próximo también en el silencio sin palabras. Es una paradoja que no es una contradicción sino que tiene un sentido profundo porque va más allá de ella. Son versos que evocan el inicio del evangelio de San Juan y que son una invitación a la reflexión sobre nuestra humanidad y sobre la Palabra (ésta es una traducción posible del lógos griego. Otra común es traducir por Verbo) escuchando el silencio y buscando la verdad en uno como dice San Agustín: “No quieras ir afuera; vuelve a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad”[1] que para el Hiponate habla en la conciencia interiormente sin ruido.


Por otra parte, como dice Gadamer en Verdad y método, toda posibilidad de oración ya está siendo perfectamente en la Palabra, razón por la cual es algo central de la realidad por su importancia y por la ubicación que le da Eliot. En relación a su ubicuidad Aristóteles, por su parte, dice que la virtud está en el medio y llama Dios al motor inmóvil que Eliot en el poema Burnt Norton de los Cuatro Cuartetos llamará así: «el Amor en sí no se mueve, / sólo es la causa y el fin de todo movimiento» (BN, V). Este gran poeta ha buscado en su obra el punto de unión del tiempo con la eternidad «en el punto inmóvil del mundo que gira» (BN, II).

A continuación les presento los versos de Eliot sobre la Palabra presentes en la sección V del poema Miércoles de ceniza de 1930. Poesía para leer «con la atracción de este Amor y la voz de este Llamado» (LG, V) que es en el hombre y para el hombre. En un mundo que acusa «conocimiento de palabras e ignorancia de la Palabra»[2] sólo queda hacer lo que dice el lema de su familia: «Tace et fac» («Calla y haz»). Escuchemos.

«If the lost word is lost, if the spent word is spent,
if the unheard, unspoken
word is unspoken, unheard;
still[3] is the unspoken word, the Word unheard,
the Word without a word, the Word within[4]
the world and for the world;
and the light shone in darkness and
against the Word the unstilled world still whirled
about the centre of the silent Word».


«Si la palabra perdida está perdida, si la palabra 
                                         [gastada está gastada,
si la palabra no oída, ni dicha
no es dicha, ni oída;
sigue siendo la palabra no dicha, la Palabra no oída,
la Palabra sin palabra, la Palabra en
el mundo y para el mundo;
y la luz brilló en la tiniebla y
contra la Palabra el mundo inquieto aún giró
alrededor del centro de la Palabra silenciosa»
.


 










[1] Cf. De Vera Religione, 39: 72.
[2] Cf. Eliot, T. S., Coros de” la Roca, I.
[3] Palabra que denota tanto los adjetivos “quieto” y "callado" como el adverbio “aún”. Esta riqueza se pierde en la traducción y es importante porque es pensada por Eliot para mostrar la oposición: Palabra callada y quieta - mundo ruidoso e inquieto.
[4] Traducir “dentro” daría límites a Dios que no los tiene. O podría entenderse que fuera del mundo no hay Dios. Él está en el mundo, pero como Le dice Salomón en 1 Reyes, 8: 27: “El cielo, el cielo de los cielos, no te contiene”. Decidiéndonos por “en” creo que se sortea el equívoco.

martes, 16 de marzo de 2010

La humildad

Descubrí leyendo hace poco una idea edificante sobre la cual sustentar una forma de ser en lo sucesivo que haga bien a uno mismo y a los demás. Así resulta interesante, como toda idea susceptible de comportar un bien en todos y hacer mella en nuestro estado de ánimo para ser felices y vivir en paz. Bien decía Séneca que ninguna posesión de cualquier bien es agradable si no se comparte con alguien[1]. Es una idea que como muchas, sólo resta llevarla a la práctica; ese trecho del dicho al hecho que no siempre transitamos. Es esta:

«The only wisdom we can hope to acquire / is the wisdom of humility: humility is endless» (“La única sabiduría que podemos esperar adquirir / es la de la humildad: la humildad no tiene fin”). La encontramos en el libro Four Quartets ("Cuatro Cuartetos") de T.S. Eliot, poema "East Cocker", II.


No es la erudición que es orgullo y corteza; quitándola nos quedamos con el meollo: el amor humilde. El conocimiento envanece, mientras que el amor edifica, como dice San Pablo[2]. Diría que existen la sabiduría de la humildad y la del amor; éstas son una y la misma porque es imposible ser humilde excepto amando a los demás, y porque es imposible amar a los demás excepto siendo humilde. Y es imposible hacer ninguna de las dos cosas sin un completo sometimiento, dejando ir el miedo a la posesión, el miedo de pertenecer a otro, o a otros, o a Dios.

Espero que encuentren útil este consejo y que ilumine sus días como los míos. Si me permiten, les observaré una forma conveniente de proceder: Entiendan la máxima y, a su vez, compréndanla sopesando los efectos que tendría, luego reténganla en la memoria como algo bueno, bello y justo, y finalmente llévenla a la práctica para ser humilde entre los humildes.


[1] Séneca, Cartas a Lucilio, Carta VI.
[2] Cf. 1 Corintios, 8: 1.

domingo, 11 de octubre de 2009

Hacia la esencia










               

Una brújula

Todas las cosas son palabras del
idioma en que Alguien o Algo[1], noche y día,
escribe[2] esa infinita algarabía[3]
que es la historia del mundo. En su tropel

pasan Cartago y Roma[4], yo, tú, él,
mi vida que no entiendo, esta agonía
de ser enigma, azar, criptografía[5]
y toda la discordia de Babel[6].

Detrás del nombre hay lo que no se nombra[7];
hoy he sentido gravitar su sombra[8]
en esta aguja azul, lúcida y leve,

que hacia el confín de un mar tiende su empeño,
con algo de reloj visto en un sueño
y algo de ave dormida que se mueve[9].


Borges, en El otro, el mismo (1964).






[1] Es una diferencia sustancial decir Algo o Alguien, ya que uno denota un concepto abstracto y otro una inteligencia divina.

[2] Aquí está en juego la visión del mundo como libro propia de la tradición judeo cristiana que implica el mundo como creación de un Hacedor, en este caso, de Alguien que lo crea con Su Palabra escribiéndolo.

[3] Algarabía viene del árabe y significa “la lengua árabe” y, a su vez, denota un griterío confuso de palabras. Eso sería el árabe para los españoles que lo escucharon entre los siglos VIII y XV. Esta palabra resulta interesante por ser onomatopéyica como bárbaro, que los griegos usaban para quienes no hablaban el griego, porque al ser sonidos ininteligibles para sus oídos los oían como si dijeran: “bar bar”.

[4] Se refiere a las Guerras Púnicas acaecidas entre los siglos III y II a.C. Dieron un viraje importantísimo a la Historia de la Humanidad. Roma, cuya política bélica había sido mayormente defensiva, tras la victoria pasó a tener una política más ofensiva. Hasta entonces el romano no había salido de su tierra e inclusive para estas guerras quienes manejaban las naves eran griegos reclutados por Roma. Con este resultado ahora se larga al mar y a Europa. Finalmente, resulta importante esta victoria de Occidente porque el mundo de hoy sería otro de haber prevalecido Cartago y porque hacían sacrificios humanos al dios Baal. A priori, ser etnocéntrico no está bien visto hoy día, pero no obstante, creo que fue importante que no prevaleciera una cultura que sacrificaba vidas humanas, porque no está en manos del hombre acabar con la vida que le es dada, es sacrílego.

[5] Es una escritura (que) oculta, o bien enigmática.

[6] Rememora el episodio bíblico de Génesis, 11, 1-9. Nimrod se propuso llegar al cielo construyendo la torre. Símbolo de la soberbia humana de querer sobrepasar los límites que no podemos franquear al más allá en vida. Es además la historia etiológica del origen de las lenguas. Antes se hablaba una sola, con la destrucción de la torre por parte de Yahvé, que les había ordenado a los hombres que se expandieran, se sembró la confusión y la discordia y se originaron las lenguas. Por eso la ciudad se llamó Babel, que en hebreo, suena como el verbo que significa confundir. Véase la nota 3 a la poesía “Las causas” de Borges, también comentada en el blog.

[7] Idea filosófica nominalista por la cual un nombre no puede nombrar la esencia de una cosa. El Nominalismo confrontado al Realismo fue un gran debate filosófico medieval. Borges concebía al lenguaje como hecho estético, sin importarle si nombraba la esencia de algo o no (Cf. “La poesía” en Siete noches). Son notables las cuantiosas ideas en su poética, muchas de ellas contrarias en la búsqueda de la verdad que no le interesaba tanto como la búsqueda de la belleza. Sintiéndose más nominalista y siendo esencialmente escéptico (Cf. “Epílogo” en Otras inquisiciones), con todo, admiraba también la Teoría de los Arquetipos de Platón, que afirma que existen ideas o formas como entidades subsistentes y separadas de los individuos particulares; esta teoría es una de las vertientes del Realismo posterior.

[8] Por lo susodicho en la nota anterior un nombre cabría postularlo en esta poesía como una sombra de algo que está detrás de ella. Borges le dice a Bioy: “El libro es la sombra de algo que está en la mente del autor y que el autor no conoce claramente (…) Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor” (en Borges de Bioy, p. 32-33).

[9] En los dos versos finales vemos la alusión al sueño que quizá nos acerque más a la esencia, a lo que no se nombra y está detrás del nombre y, a la vez, a una visión más parecida a la de la divinidad, uno intelligendi actu (“en un solo acto de intelección”. Recuérdese la visión del De Consolatio Philosophiae de Boecio y véase el texto “Sueños de sueños” de Tabucchi aquí en el blog). La brújula, entonces, tendería su empeño a la orilla de la esencia donde quiere llegar el hombre en sus meditaciones atravesando el mar. Viaja en pos de la verdad conociendo, y la vida como peregrinaje es otro lugar común de las literaturas, cuyo testimonio más recordado es el de San Agustín de Hipona con su Civitas Dei. ¿Usamos la brújula de nuestra razón para acercarnos a la esencia? ¿Tentamos la aproximación o nos conformamos con las cualidades? En última instancia o en el fondo de toda preocupación humana, ¿nuestra vida y sus móviles por qué, cómo y para qué son? Preguntas todas que van al grano y resultan edificantes. Evitarlas es síntoma de una fidelidad irreflexiva a la letra y de una infidelidad inevitable al espíritu. Hagámoslas.

martes, 29 de septiembre de 2009

Mirar a la verdad

Dante en el séptimo círculo infernal como en otros pasos de la Commedia apostrofa a Florencia ante tres florentinos condenados por sus malas costumbres. Inclusive, en el inicio de su obra se llama florentino de nacimiento, pero no de costumbres (florentini, natione non moribus) por el dolor que le causaba la corrupción imperante y por haber sido condenado al exilio durante las guerras entre güelfos y gibelinos.
Sin proponerme recordar el momento histórico en que fue escrita la Divina Comedia, me propongo en cambio compartir un terceto hermoso del Canto XVI del Infierno, versos 76-78.
Como decía, Dante se dirige enojado a Florencia, y a continuación leemos:


Così gridai con la faccia levata;
e i tre, che ciò inteser per risposta,

guardar l’un l’altro com’al ver si guata.


Así grité alzando el rostro;
y los tres que entendieron la respuesta,

se miraron uno a otro como se mira a la verdad.


La sensación que se prueba en este paso es similar a la de quien está obligado a reconocer la verdad de un hecho que lo entristece y que le cuesta resignarse y admitirlo, porque se trata de defectos y malas costumbres propios.
Y me detengo en el último verso, esa imagen descripta por Dante en muy pocas palabras pero que encierran tanto. Quiero decir, el hecho mirarse uno a otro como se mira a la verdad.

¿No probaron la sensación de mirarse con otras personas reconociendo la verdad de un hecho o de un dicho de alguien ante ustedes?
¿Tenemos la predisposición, la entereza de escuchar la verdad cuando la dicen aun en perjuicio nuestro?

Estudiando se prueba esa sensación ante los libros cuando queremos mirar al rostro a la verdad y no nos conformamos con ver meramente. Porque –a veces las obviedades deben enunciarse- el verbo ver es sólo un estado (no ve un ciego), en cambio mirar es una acción.
Así hay mucha gente que se conforma meramente con ver y no observa, mira o contempla; de la misma forma que hay gente que oye pero no escucha, como hacen los que ponen la música de fondo sin escucharla.
Tanto mirar o contemplar como escuchar puede no ser fácil. Pero si se lo hace aprehendemos, es decir, llegamos a conocer esta vida que transitamos.

Y en esa busca nos va el esfuerzo que sembramos cuando queremos mirar atentamente para ver en qué punto convergen los caminos del conocimiento con nuestra vida, allí donde hallamos la coherencia en la unión de las divergencias, en la concordia del universo.

Dante nos da su idea de esta mirada con esfuerzo en el canto anterior, versos 16-21. Aquí la gloso: Miramos como suele mirar uno a otro de noche bajo nueva luna, frunciendo las cejas como el viejo sastre para enhebrar la aguja.

¿No es formidable que un poeta cifre en pocas palabras una sensación tan íntima del ser humano siendo algo tan difícil de definir, dándole forma perdurable a cuanto hacemos por entender el misterio de la vida?

sábado, 22 de agosto de 2009

Una verdad de la razón


Evitemos de ahora en más un equívoco frecuente de la vida cotidiana. Me refiero a la locución adverbial tener razón que significa “estar en lo cierto”. Solemos usarla, vale aclarar, cuando alguien dice algo acertado, correcto o verdadero. La idea es clara.

Ahora bien, puede ocurrir que uno crea tener razón y en realidad diga algo falso. Y el problema reside en que si refutamos lo dicho a esa persona le decimos que no tiene razón cuando en realidad la tiene porque o todos tenemos razón o nadie tiene razón. Quiero decir que el hombre es sapiens, esto es, que sabe, que está constituido por la razón. Si es algo que nos constituye como tales no podemos decir que no tenemos razón; todos la tenemos.

La razón nos acerca a la verdad y cuando la hallamos no importa de quién viene, sino llegar a ella[1]; si alguien nos ayuda tanto mejor. Porque es en el diálogo como nos podemos ayudar a encontrarla. Platón ya lo supo, por eso compuso sus textos en forma dialógica creando la dialéctica, el arte de dialogar.

Hoy día tristemente (y cuando decimos hoy día solemos referir un estado de cosas que es desde que el mundo es mundo), la gente se obstina en querer tener razón. Discusiones encarnizadas entre partes que no buscan llegar a una verdad sino complacerse a sí mismas en una guerra dialógica, que a veces no llega a diálogo porque desmerece al lógos -morfema que compone a la palabra diálogo-, y se reduce a mera charla que no comporta ningún fin útil a ninguna de las partes. Esto es un error, “se entiende que una persona pierde y otra gana, lo cual es un modo de estorbar la verdad o de hacerla imposible”[2], dice Borges. Es una mera vanidad personal querer tener razón.

No ha de ser así. La palabra debe ser constructiva, cuando no creativa. Se ha hecho el mundo con ella. Si Dios no hubiera hablado no habría nacido el mundo. Recordemos los versículos iniciales del Evangelio según San Juan:

En el principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.


¿Qué provecho habrá en hablar sin un fin positivo que procure hallar en las cosas su realidad, su existencia, que quiera develar algo que está tapado y que ignoramos? Pues eso significa la verdad en griego: aletheia (quitar el velo a algo oculto). Según la doctrina platónica conocer es recordar; Francis Bacon añadió que ignorar es haber olvidado[3].

Como toda afirmación es excluyente, por lo susodicho no se debe entender que el fin que propongo deba ser el único que tenga la palabra. Hay muchos y nobles. Básteme enunciar la presencia de éste para poner sobre aviso a los gentiles lectores.

Pareciera que actualmente estamos en las antípodas de la dialéctica platónica. Lejos del arte de dialogar. Borges en diálogo con Bioy Casares dice: “Siempre me asombra que la gente no oiga lo que dice” Gente que se especializa en la minuciosa anécdota pointless (sin sentido)[4], que no va al grano. Y Benigni en su película El tigre y la nieve: «Se le parole non sono giuste nulla è giusto. Trovare le parole giuste per far battere il cuore all'altro, così come batte a me!» (“Si las palabras no son justas nula es justo. ¡Encontrar las palabras justas para hacerle batir el corazón al otro, así como me bate a mí!”). Precisamente porque la palabra es nuestro insuflo divino[5], lo que nos hace distintos de los animales. La vida al ser un talento debe dar fruto (Mateo 25: 14-30) En cambio, se habla sin sustancia y fuera de propósito (Mateo 12: 36). ¿Quién no ha tenido estas charlas aburridas? ¿Y sobre todo quién está dispuesto a cuestionarse si el interlocutor está en lo cierto y uno no? Quien nada duda nada sabe decían los griegos que sabían muchas cosas. Eventualmente no queremos confrontar nuestras preferencias, y eso hace que se cristalicen en prejuicios[6]. En ello reside la dificultad. Pero debemos mantenernos abiertos y curiosos, pues como dice Savater: “el espíritu nace de la búsqueda incesante de formas diferentes de ser semejantes”[7]. Pienso que es un acto de coraje y de amor al conocimiento y a la verdad.



Un ejemplo claro de que importan más las verdades que su procedencia está en los refranes. Los nombres de quienes los han creado se han perdido. La sociedad que atesora estos refranes los ha retenido en su memoria porque encierran verdades; algo bueno, bello y justo, como hemos dicho que hace la tradición evocando las palabras de San Pablo[8]. Encierran algo que es bello por ser inteligible sin reflexión, como dijera André Maurois.

Y es que el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer. El hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende y aun lo que comprende como Sócrates (en su frase atribuida): “Sólo sé que no sé nada” Creo que el escepticismo debe tener un límite, y que es un uso erróneo de la razón. Es Blaise Pascal quien nos enseña en sus Pensamientos cómo debemos usar la razón (268):


“Hay que saber dudar donde es necesario,

afirmar donde es necesario, sometiéndose donde es necesario.

Quien así no procede no entiende la fuerza de la razón.

Hay quienes fallan contra estos tres principios, ya sea afirmando

todo como demostrativo, por falta de conocimientos

en demostración: ya sea dudando de todo, por falta de saber

dónde hay que someterse, ya sea sometiéndose en todo, por

falta de saber dónde hay que juzgar”.


Y será Borges, aun cuando se define esencialmente escéptico[9], quien dirá con acierto que un “sofisma consiste en negar lo que no es fácil de definir. Quizá no se pueda precisar cuándo acaba el día y empieza la noche; pero nadie confunde el día con la noche”[10]. Que algo sea difícil de definir no significa que no sea y que se pueda negar. Repito, todos queremos creer en algo y que nos crean. Recuerdo a Don Quijote diciéndole al oído a su escudero: “-Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos. Y no os digo más”[11].



Finalmente, en la busca de la verdad hay –
grosso modo
- dos posturas:

a- Quienes creen que es imposible llegar a ella.
b- Quienes dicen que la verdad es Dios.


Esta división comporta concepciones del ser humano acerca del más allá y creencias religiosas sin duda. La segunda postura está sustentada en la Biblia (véase, por ej, I Juan 5: 6 y Juan 14: 6), que es Palabra de Dios (ya citamos los versículos iniciales del Evangelio según San Juan). Algunos acusan a la Iglesia de rebajar la razón, pero es al contrario: “La Iglesia es lo único que, en la tierra, hace de la razón un objeto supremo; la única que afirma que Dios mismo está sujeto por la razón”[12] sostiene Chesterton. Eso procuró la teología con su escolástica, llegar a Dios mediante la razón.


Claro que buscar la verdad es arduo porque la vida en su misterio es inagotable, como nos recuerda Hamlet:

«There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy»[13].

Pero la vida sin misterio sería insulsa y aburrida. Si supiéramos todo nada nos quedaría por saber. Felizmente podemos estar en desacuerdo, pero siempre respetando y tolerando al otro. Sigamos pues ayudándonos en la busca de la verdad haciendo uso de nuestra razón sin acobardarnos ni envanecernos. Yo, estoy con ustedes.

[1] Cf. la frase «Amicus Plato, sed magis amica veritas» Esto es: “Platón es mi amigo, pero la verdad es más mi amiga”. La verdad puede venir de un filósofo o pensador cualquiera, no importa de quién, sino que sea una verdad. Eso es más importante.

[2] Borges, Jorge Luis, Ferrari, Osvaldo, Reencuentro, diálogos inéditos, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1999, p. 208.

[3] Cf. Epígrafe del cuento “El inmortal” en El Aleph, Jorge Luis Borges.

[4] Bioy Casares, Adolfo, Borges, Ed. Destino, Buenos Aires, 2006, p. 106.

[5] Cf. Génesis, 2: 7.

[6] Cf. Martínez, Guillermo, La fórmula de la inmortalidad, Ed. Seix Barral, Buenos Aires, 2005, p. 11.

[7] Savater, Fernando, La vida eterna, Ed. Ariel, 2007, p. 175.

[8] Cf. 1 Tesalonicenses, 5: 21.

[9] Cf. Epílogo de Otras inquisiciones.

[10] Bioy Casares, Adolfo, Borges, Ed. Destino, Buenos Aires, 2006, p. 61.

[11] Cervantes, Miguel, Don Quijote de la Mancha, Ed. RAE, 2004, p. 865.

[12] Cf. Chesterton, Gilbert Keith, El candor del padre Brown, Ed. Losada, Buenos Aires, 1939, p. 23.

[13] Hamlet, 1,5, v. 186. “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía”.