Quiero detenerme un momento en unas palabras de Jesucristo a sus discípulos. Lucas refiere que estos no habían podido pescar en la laguna de Genesareth cuando se les apareció Jesús y aconsejó a Simón para que pudieran pescar: duc in altum (“condúcete a lo profundo”).
La Nova Vulgata del Vaticano traduce duc in altum del griego. Traducción correcta y feliz porque en la riqueza del latín altus tiene más de un significado. Sus acepciones son principalmente “alto” y “profundo”. Jesucristo les aconseja dónde tirar la red, pero tras estas palabras, fuera de su contexto podemos advertir una directiva para acercarnos a Dios a través de Jesús que es el camino, la verdad y la vida (Juan, 14: 6), ya que si probáramos trazar una recta con un lápiz para indicar lo alto, partiríamos de la tierra al cielo, y luego al trazar otra recta para diseñar lo profundo la figura resultante sería un crucifijo. Duc in altum para mí, entonces, es “condúcete a Cristo”, o en la voz de Él, acércate a mí, sígueme. A la vez, el crucifijo figurado en estas palabras simboliza la unión de la tierra con el cielo (lo alto) y la unión entre los hombres (lo profundo).
Quo vadis, Iesu?, ¿a dónde vas? Sequela Christi decían los medievales, es decir, “seguir a Cristo”. Debemos seguirlo aun -y sobre todo- en los misterios del dolor, como reza el Padre Nuestro: “fiat voluntas tua”, “hágase tu voluntad”. Palabra que dice la Virgen María ante la Anunciación del arcángel Gabriel: “fiat”, esto es, “sea”, aceptando la voluntad de Dios. Y es precisamente María su primera seguidora y modelo para todo cristiano porque su ejemplo de vida es paradigmático, y ella nos enseña -nadie mejor que ella- cómo seguir tras las huellas de su hijo, nuestro Señor. Los veinte misterios del Rosario, por ejemplo, nos hacen vivir los momentos misteriosos de su vida en torno a la de su hijo, y es una de las herramientas valiosísimas que poseemos para acercarnos a Cristo en la contemplación. Todo viaje es en busca del Padre. San Agustín en sus Confesiones reza: “tu fecisti nos ad te, et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te”, es decir, “Tú nos hiciste hacia [para] Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”. Vivimos en exilio en un valle de lágrimas hasta que lleguemos al jardín de María en la Ciudad de Dios (como dice el Hiponate), donde podamos descansar finalmente y llegar a nuestra meta y destino en la vida.
Ya saben parte importante y valiosa de lo que significan estas palabras. El Papa Juan Pablo II solía evocarlas y transmitirlas para mostrarles a los feligreses el camino a seguir. Así que les digo como nos decía el Papa a nosotros: DUC IN ALTUM!
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viernes, 24 de junio de 2011
domingo, 6 de junio de 2010
La Palabra
«Console-toi, tu ne me chercherais pas, si tu ne m'avais trouvé»
Pascal, Pensées, 553.
La introspección tiene una importancia trascendental en nuestra vida, tanto más cuando se hace en silencio ya que con él es más fácil escuchar nuestra propia conciencia y así discernir lo justo de lo falso y juzgar lo que nos pasa. Nuestro móvil siempre es una presencia que no parte de doctrinas o filosofías porque hacemos las cosas por el impacto que nos causa otro. El encuentro es la dinámica del ser humano en el acontecimiento vital que la presencia del otro nos suscita.
En estos versos formidables Eliot poetiza sobre la palabra y el lógos que está próximo también en el silencio sin palabras. Es una paradoja que no es una contradicción sino que tiene un sentido profundo porque va más allá de ella. Son versos que evocan el inicio del evangelio de San Juan y que son una invitación a la reflexión sobre nuestra humanidad y sobre la Palabra (ésta es una traducción posible del lógos griego. Otra común es traducir por Verbo) escuchando el silencio y buscando la verdad en uno como dice San Agustín: “No quieras ir afuera; vuelve a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad”[1] que para el Hiponate habla en la conciencia interiormente sin ruido.
Por otra parte, como dice Gadamer en Verdad y método, toda posibilidad de oración ya está siendo perfectamente en la Palabra , razón por la cual es algo central de la realidad por su importancia y por la ubicación que le da Eliot. En relación a su ubicuidad Aristóteles, por su parte, dice que la virtud está en el medio y llama Dios al motor inmóvil que Eliot en el poema Burnt Norton de los Cuatro Cuartetos llamará así: «el Amor en sí no se mueve, / sólo es la causa y el fin de todo movimiento» (BN, V). Este gran poeta ha buscado en su obra el punto de unión del tiempo con la eternidad «en el punto inmóvil del mundo que gira» (BN, II).
A continuación les presento los versos de Eliot sobre la Palabra presentes en la sección V del poema Miércoles de ceniza de 1930. Poesía para leer «con la atracción de este Amor y la voz de este Llamado» (LG, V) que es en el hombre y para el hombre. En un mundo que acusa «conocimiento de palabras e ignorancia de la Palabra»[2] sólo queda hacer lo que dice el lema de su familia: «Tace et fac» («Calla y haz»). Escuchemos.
«If the lost word is lost, if the spent word is spent,
if the unheard, unspoken
word is unspoken, unheard;
still[3] is the unspoken word, the Word unheard,
the Word without a word, the Word within[4]
the world and for the world;
and the light shone in darkness and
against the Word the unstilled world still whirled
about the centre of the silent Word».
no es dicha, ni oída;
sigue siendo la palabra no dicha,la Palabra no oída,
la Palabra sin palabra, la Palabra en
el mundo y para el mundo;
y la luz brilló en la tiniebla y
contrala Palabra el mundo inquieto aún giró
alrededor del centro dela Palabra silenciosa».
if the unheard, unspoken
word is unspoken, unheard;
still[3] is the unspoken word, the Word unheard,
the Word without a word, the Word within[4]
the world and for the world;
and the light shone in darkness and
against the Word the unstilled world still whirled
about the centre of the silent Word».
«Si la palabra perdida está perdida, si la palabra
[gastada está gastada,
si la palabra no oída, ni dichano es dicha, ni oída;
sigue siendo la palabra no dicha,
el mundo y para el mundo;
y la luz brilló en la tiniebla y
contra
alrededor del centro de
[1] Cf. De Vera Religione, 39: 72.
[2] Cf. Eliot, T. S., Coros de” la Roca ”, I.
[3] Palabra que denota tanto los adjetivos “quieto” y "callado" como el adverbio “aún”. Esta riqueza se pierde en la traducción y es importante porque es pensada por Eliot para mostrar la oposición: Palabra callada y quieta - mundo ruidoso e inquieto.
[4] Traducir “dentro” daría límites a Dios que no los tiene. O podría entenderse que fuera del mundo no hay Dios. Él está en el mundo, pero como Le dice Salomón en 1 Reyes, 8: 27: “El cielo, el cielo de los cielos, no te contiene”. Decidiéndonos por “en” creo que se sortea el equívoco.
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domingo, 11 de octubre de 2009
Hacia la esencia
Una brújula
Todas las cosas son palabras del
idioma en que Alguien o Algo[1], noche y día,
escribe[2] esa infinita algarabía[3]
que es la historia del mundo. En su tropel
pasan Cartago y Roma[4], yo, tú, él,
mi vida que no entiendo, esta agonía
de ser enigma, azar, criptografía[5]
y toda la discordia de Babel[6].
Detrás del nombre hay lo que no se nombra[7];
hoy he sentido gravitar su sombra[8]
en esta aguja azul, lúcida y leve,
que hacia el confín de un mar tiende su empeño,
con algo de reloj visto en un sueño
y algo de ave dormida que se mueve[9].
escribe[2] esa infinita algarabía[3]
que es la historia del mundo. En su tropel
pasan Cartago y Roma[4], yo, tú, él,
mi vida que no entiendo, esta agonía
de ser enigma, azar, criptografía[5]
y toda la discordia de Babel[6].
Detrás del nombre hay lo que no se nombra[7];
hoy he sentido gravitar su sombra[8]
en esta aguja azul, lúcida y leve,
que hacia el confín de un mar tiende su empeño,
con algo de reloj visto en un sueño
y algo de ave dormida que se mueve[9].
[1] Es una diferencia sustancial decir Algo o Alguien, ya que uno denota un concepto abstracto y otro una inteligencia divina.
[2] Aquí está en juego la visión del mundo como libro propia de la tradición judeo cristiana que implica el mundo como creación de un Hacedor, en este caso, de Alguien que lo crea con Su Palabra escribiéndolo.
[3] Algarabía viene del árabe y significa “la lengua árabe” y, a su vez, denota un griterío confuso de palabras. Eso sería el árabe para los españoles que lo escucharon entre los siglos VIII y XV. Esta palabra resulta interesante por ser onomatopéyica como bárbaro, que los griegos usaban para quienes no hablaban el griego, porque al ser sonidos ininteligibles para sus oídos los oían como si dijeran: “bar bar”.
[3] Algarabía viene del árabe y significa “la lengua árabe” y, a su vez, denota un griterío confuso de palabras. Eso sería el árabe para los españoles que lo escucharon entre los siglos VIII y XV. Esta palabra resulta interesante por ser onomatopéyica como bárbaro, que los griegos usaban para quienes no hablaban el griego, porque al ser sonidos ininteligibles para sus oídos los oían como si dijeran: “bar bar”.
[4] Se refiere a las Guerras Púnicas acaecidas entre los siglos III y II a.C. Dieron un viraje importantísimo a la Historia de la Humanidad. Roma , cuya política bélica había sido mayormente defensiva, tras la victoria pasó a tener una política más ofensiva. Hasta entonces el romano no había salido de su tierra e inclusive para estas guerras quienes manejaban las naves eran griegos reclutados por Roma. Con este resultado ahora se larga al mar y a Europa. Finalmente, resulta importante esta victoria de Occidente porque el mundo de hoy sería otro de haber prevalecido Cartago y porque hacían sacrificios humanos al dios Baal. A priori, ser etnocéntrico no está bien visto hoy día, pero no obstante, creo que fue importante que no prevaleciera una cultura que sacrificaba vidas humanas, porque no está en manos del hombre acabar con la vida que le es dada, es sacrílego.
[6] Rememora el episodio bíblico de Génesis, 11, 1-9. Nimrod se propuso llegar al cielo construyendo la torre. Símbolo de la soberbia humana de querer sobrepasar los límites que no podemos franquear al más allá en vida. Es además la historia etiológica del origen de las lenguas. Antes se hablaba una sola, con la destrucción de la torre por parte de Yahvé, que les había ordenado a los hombres que se expandieran, se sembró la confusión y la discordia y se originaron las lenguas. Por eso la ciudad se llamó Babel, que en hebreo, suena como el verbo que significa confundir. Véase la nota 3 a la poesía “Las causas” de Borges, también comentada en el blog.
[7] Idea filosófica nominalista por la cual un nombre no puede nombrar la esencia de una cosa. El Nominalismo confrontado al Realismo fue un gran debate filosófico medieval. Borges concebía al lenguaje como hecho estético, sin importarle si nombraba la esencia de algo o no (Cf. “La poesía” en Siete noches). Son notables las cuantiosas ideas en su poética, muchas de ellas contrarias en la búsqueda de la verdad que no le interesaba tanto como la búsqueda de la belleza. Sintiéndose más nominalista y siendo esencialmente escéptico (Cf. “Epílogo” en Otras inquisiciones), con todo, admiraba también la Teoría de los Arquetipos de Platón, que afirma que existen ideas o formas como entidades subsistentes y separadas de los individuos particulares; esta teoría es una de las vertientes del Realismo posterior.
[8] Por lo susodicho en la nota anterior un nombre cabría postularlo en esta poesía como una sombra de algo que está detrás de ella. Borges le dice a Bioy: “El libro es la sombra de algo que está en la mente del autor y que el autor no conoce claramente (…) Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor” (en Borges de Bioy, p. 32-33).
[8] Por lo susodicho en la nota anterior un nombre cabría postularlo en esta poesía como una sombra de algo que está detrás de ella. Borges le dice a Bioy: “El libro es la sombra de algo que está en la mente del autor y que el autor no conoce claramente (…) Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor” (en Borges de Bioy, p. 32-33).
[9] En los dos versos finales vemos la alusión al sueño que quizá nos acerque más a la esencia, a lo que no se nombra y está detrás del nombre y, a la vez, a una visión más parecida a la de la divinidad, uno intelligendi actu (“en un solo acto de intelección”. Recuérdese la visión del De Consolatio Philosophiae de Boecio y véase el texto “Sueños de sueños” de Tabucchi aquí en el blog). La brújula, entonces, tendería su empeño a la orilla de la esencia donde quiere llegar el hombre en sus meditaciones atravesando el mar. Viaja en pos de la verdad conociendo, y la vida como peregrinaje es otro lugar común de las literaturas, cuyo testimonio más recordado es el de San Agustín de Hipona con su Civitas Dei. ¿Usamos la brújula de nuestra razón para acercarnos a la esencia? ¿Tentamos la aproximación o nos conformamos con las cualidades? En última instancia o en el fondo de toda preocupación humana, ¿nuestra vida y sus móviles por qué, cómo y para qué son? Preguntas todas que van al grano y resultan edificantes. Evitarlas es síntoma de una fidelidad irreflexiva a la letra y de una infidelidad inevitable al espíritu. Hagámoslas.
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