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domingo, 11 de octubre de 2009

Hacia la esencia










               

Una brújula

Todas las cosas son palabras del
idioma en que Alguien o Algo[1], noche y día,
escribe[2] esa infinita algarabía[3]
que es la historia del mundo. En su tropel

pasan Cartago y Roma[4], yo, tú, él,
mi vida que no entiendo, esta agonía
de ser enigma, azar, criptografía[5]
y toda la discordia de Babel[6].

Detrás del nombre hay lo que no se nombra[7];
hoy he sentido gravitar su sombra[8]
en esta aguja azul, lúcida y leve,

que hacia el confín de un mar tiende su empeño,
con algo de reloj visto en un sueño
y algo de ave dormida que se mueve[9].


Borges, en El otro, el mismo (1964).






[1] Es una diferencia sustancial decir Algo o Alguien, ya que uno denota un concepto abstracto y otro una inteligencia divina.

[2] Aquí está en juego la visión del mundo como libro propia de la tradición judeo cristiana que implica el mundo como creación de un Hacedor, en este caso, de Alguien que lo crea con Su Palabra escribiéndolo.

[3] Algarabía viene del árabe y significa “la lengua árabe” y, a su vez, denota un griterío confuso de palabras. Eso sería el árabe para los españoles que lo escucharon entre los siglos VIII y XV. Esta palabra resulta interesante por ser onomatopéyica como bárbaro, que los griegos usaban para quienes no hablaban el griego, porque al ser sonidos ininteligibles para sus oídos los oían como si dijeran: “bar bar”.

[4] Se refiere a las Guerras Púnicas acaecidas entre los siglos III y II a.C. Dieron un viraje importantísimo a la Historia de la Humanidad. Roma, cuya política bélica había sido mayormente defensiva, tras la victoria pasó a tener una política más ofensiva. Hasta entonces el romano no había salido de su tierra e inclusive para estas guerras quienes manejaban las naves eran griegos reclutados por Roma. Con este resultado ahora se larga al mar y a Europa. Finalmente, resulta importante esta victoria de Occidente porque el mundo de hoy sería otro de haber prevalecido Cartago y porque hacían sacrificios humanos al dios Baal. A priori, ser etnocéntrico no está bien visto hoy día, pero no obstante, creo que fue importante que no prevaleciera una cultura que sacrificaba vidas humanas, porque no está en manos del hombre acabar con la vida que le es dada, es sacrílego.

[5] Es una escritura (que) oculta, o bien enigmática.

[6] Rememora el episodio bíblico de Génesis, 11, 1-9. Nimrod se propuso llegar al cielo construyendo la torre. Símbolo de la soberbia humana de querer sobrepasar los límites que no podemos franquear al más allá en vida. Es además la historia etiológica del origen de las lenguas. Antes se hablaba una sola, con la destrucción de la torre por parte de Yahvé, que les había ordenado a los hombres que se expandieran, se sembró la confusión y la discordia y se originaron las lenguas. Por eso la ciudad se llamó Babel, que en hebreo, suena como el verbo que significa confundir. Véase la nota 3 a la poesía “Las causas” de Borges, también comentada en el blog.

[7] Idea filosófica nominalista por la cual un nombre no puede nombrar la esencia de una cosa. El Nominalismo confrontado al Realismo fue un gran debate filosófico medieval. Borges concebía al lenguaje como hecho estético, sin importarle si nombraba la esencia de algo o no (Cf. “La poesía” en Siete noches). Son notables las cuantiosas ideas en su poética, muchas de ellas contrarias en la búsqueda de la verdad que no le interesaba tanto como la búsqueda de la belleza. Sintiéndose más nominalista y siendo esencialmente escéptico (Cf. “Epílogo” en Otras inquisiciones), con todo, admiraba también la Teoría de los Arquetipos de Platón, que afirma que existen ideas o formas como entidades subsistentes y separadas de los individuos particulares; esta teoría es una de las vertientes del Realismo posterior.

[8] Por lo susodicho en la nota anterior un nombre cabría postularlo en esta poesía como una sombra de algo que está detrás de ella. Borges le dice a Bioy: “El libro es la sombra de algo que está en la mente del autor y que el autor no conoce claramente (…) Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor” (en Borges de Bioy, p. 32-33).

[9] En los dos versos finales vemos la alusión al sueño que quizá nos acerque más a la esencia, a lo que no se nombra y está detrás del nombre y, a la vez, a una visión más parecida a la de la divinidad, uno intelligendi actu (“en un solo acto de intelección”. Recuérdese la visión del De Consolatio Philosophiae de Boecio y véase el texto “Sueños de sueños” de Tabucchi aquí en el blog). La brújula, entonces, tendería su empeño a la orilla de la esencia donde quiere llegar el hombre en sus meditaciones atravesando el mar. Viaja en pos de la verdad conociendo, y la vida como peregrinaje es otro lugar común de las literaturas, cuyo testimonio más recordado es el de San Agustín de Hipona con su Civitas Dei. ¿Usamos la brújula de nuestra razón para acercarnos a la esencia? ¿Tentamos la aproximación o nos conformamos con las cualidades? En última instancia o en el fondo de toda preocupación humana, ¿nuestra vida y sus móviles por qué, cómo y para qué son? Preguntas todas que van al grano y resultan edificantes. Evitarlas es síntoma de una fidelidad irreflexiva a la letra y de una infidelidad inevitable al espíritu. Hagámoslas.

sábado, 22 de agosto de 2009

Una verdad de la razón


Evitemos de ahora en más un equívoco frecuente de la vida cotidiana. Me refiero a la locución adverbial tener razón que significa “estar en lo cierto”. Solemos usarla, vale aclarar, cuando alguien dice algo acertado, correcto o verdadero. La idea es clara.

Ahora bien, puede ocurrir que uno crea tener razón y en realidad diga algo falso. Y el problema reside en que si refutamos lo dicho a esa persona le decimos que no tiene razón cuando en realidad la tiene porque o todos tenemos razón o nadie tiene razón. Quiero decir que el hombre es sapiens, esto es, que sabe, que está constituido por la razón. Si es algo que nos constituye como tales no podemos decir que no tenemos razón; todos la tenemos.

La razón nos acerca a la verdad y cuando la hallamos no importa de quién viene, sino llegar a ella[1]; si alguien nos ayuda tanto mejor. Porque es en el diálogo como nos podemos ayudar a encontrarla. Platón ya lo supo, por eso compuso sus textos en forma dialógica creando la dialéctica, el arte de dialogar.

Hoy día tristemente (y cuando decimos hoy día solemos referir un estado de cosas que es desde que el mundo es mundo), la gente se obstina en querer tener razón. Discusiones encarnizadas entre partes que no buscan llegar a una verdad sino complacerse a sí mismas en una guerra dialógica, que a veces no llega a diálogo porque desmerece al lógos -morfema que compone a la palabra diálogo-, y se reduce a mera charla que no comporta ningún fin útil a ninguna de las partes. Esto es un error, “se entiende que una persona pierde y otra gana, lo cual es un modo de estorbar la verdad o de hacerla imposible”[2], dice Borges. Es una mera vanidad personal querer tener razón.

No ha de ser así. La palabra debe ser constructiva, cuando no creativa. Se ha hecho el mundo con ella. Si Dios no hubiera hablado no habría nacido el mundo. Recordemos los versículos iniciales del Evangelio según San Juan:

En el principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.


¿Qué provecho habrá en hablar sin un fin positivo que procure hallar en las cosas su realidad, su existencia, que quiera develar algo que está tapado y que ignoramos? Pues eso significa la verdad en griego: aletheia (quitar el velo a algo oculto). Según la doctrina platónica conocer es recordar; Francis Bacon añadió que ignorar es haber olvidado[3].

Como toda afirmación es excluyente, por lo susodicho no se debe entender que el fin que propongo deba ser el único que tenga la palabra. Hay muchos y nobles. Básteme enunciar la presencia de éste para poner sobre aviso a los gentiles lectores.

Pareciera que actualmente estamos en las antípodas de la dialéctica platónica. Lejos del arte de dialogar. Borges en diálogo con Bioy Casares dice: “Siempre me asombra que la gente no oiga lo que dice” Gente que se especializa en la minuciosa anécdota pointless (sin sentido)[4], que no va al grano. Y Benigni en su película El tigre y la nieve: «Se le parole non sono giuste nulla è giusto. Trovare le parole giuste per far battere il cuore all'altro, così come batte a me!» (“Si las palabras no son justas nula es justo. ¡Encontrar las palabras justas para hacerle batir el corazón al otro, así como me bate a mí!”). Precisamente porque la palabra es nuestro insuflo divino[5], lo que nos hace distintos de los animales. La vida al ser un talento debe dar fruto (Mateo 25: 14-30) En cambio, se habla sin sustancia y fuera de propósito (Mateo 12: 36). ¿Quién no ha tenido estas charlas aburridas? ¿Y sobre todo quién está dispuesto a cuestionarse si el interlocutor está en lo cierto y uno no? Quien nada duda nada sabe decían los griegos que sabían muchas cosas. Eventualmente no queremos confrontar nuestras preferencias, y eso hace que se cristalicen en prejuicios[6]. En ello reside la dificultad. Pero debemos mantenernos abiertos y curiosos, pues como dice Savater: “el espíritu nace de la búsqueda incesante de formas diferentes de ser semejantes”[7]. Pienso que es un acto de coraje y de amor al conocimiento y a la verdad.



Un ejemplo claro de que importan más las verdades que su procedencia está en los refranes. Los nombres de quienes los han creado se han perdido. La sociedad que atesora estos refranes los ha retenido en su memoria porque encierran verdades; algo bueno, bello y justo, como hemos dicho que hace la tradición evocando las palabras de San Pablo[8]. Encierran algo que es bello por ser inteligible sin reflexión, como dijera André Maurois.

Y es que el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer. El hombre está dispuesto siempre a negar todo aquello que no comprende y aun lo que comprende como Sócrates (en su frase atribuida): “Sólo sé que no sé nada” Creo que el escepticismo debe tener un límite, y que es un uso erróneo de la razón. Es Blaise Pascal quien nos enseña en sus Pensamientos cómo debemos usar la razón (268):


“Hay que saber dudar donde es necesario,

afirmar donde es necesario, sometiéndose donde es necesario.

Quien así no procede no entiende la fuerza de la razón.

Hay quienes fallan contra estos tres principios, ya sea afirmando

todo como demostrativo, por falta de conocimientos

en demostración: ya sea dudando de todo, por falta de saber

dónde hay que someterse, ya sea sometiéndose en todo, por

falta de saber dónde hay que juzgar”.


Y será Borges, aun cuando se define esencialmente escéptico[9], quien dirá con acierto que un “sofisma consiste en negar lo que no es fácil de definir. Quizá no se pueda precisar cuándo acaba el día y empieza la noche; pero nadie confunde el día con la noche”[10]. Que algo sea difícil de definir no significa que no sea y que se pueda negar. Repito, todos queremos creer en algo y que nos crean. Recuerdo a Don Quijote diciéndole al oído a su escudero: “-Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos. Y no os digo más”[11].



Finalmente, en la busca de la verdad hay –
grosso modo
- dos posturas:

a- Quienes creen que es imposible llegar a ella.
b- Quienes dicen que la verdad es Dios.


Esta división comporta concepciones del ser humano acerca del más allá y creencias religiosas sin duda. La segunda postura está sustentada en la Biblia (véase, por ej, I Juan 5: 6 y Juan 14: 6), que es Palabra de Dios (ya citamos los versículos iniciales del Evangelio según San Juan). Algunos acusan a la Iglesia de rebajar la razón, pero es al contrario: “La Iglesia es lo único que, en la tierra, hace de la razón un objeto supremo; la única que afirma que Dios mismo está sujeto por la razón”[12] sostiene Chesterton. Eso procuró la teología con su escolástica, llegar a Dios mediante la razón.


Claro que buscar la verdad es arduo porque la vida en su misterio es inagotable, como nos recuerda Hamlet:

«There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy»[13].

Pero la vida sin misterio sería insulsa y aburrida. Si supiéramos todo nada nos quedaría por saber. Felizmente podemos estar en desacuerdo, pero siempre respetando y tolerando al otro. Sigamos pues ayudándonos en la busca de la verdad haciendo uso de nuestra razón sin acobardarnos ni envanecernos. Yo, estoy con ustedes.

[1] Cf. la frase «Amicus Plato, sed magis amica veritas» Esto es: “Platón es mi amigo, pero la verdad es más mi amiga”. La verdad puede venir de un filósofo o pensador cualquiera, no importa de quién, sino que sea una verdad. Eso es más importante.

[2] Borges, Jorge Luis, Ferrari, Osvaldo, Reencuentro, diálogos inéditos, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1999, p. 208.

[3] Cf. Epígrafe del cuento “El inmortal” en El Aleph, Jorge Luis Borges.

[4] Bioy Casares, Adolfo, Borges, Ed. Destino, Buenos Aires, 2006, p. 106.

[5] Cf. Génesis, 2: 7.

[6] Cf. Martínez, Guillermo, La fórmula de la inmortalidad, Ed. Seix Barral, Buenos Aires, 2005, p. 11.

[7] Savater, Fernando, La vida eterna, Ed. Ariel, 2007, p. 175.

[8] Cf. 1 Tesalonicenses, 5: 21.

[9] Cf. Epílogo de Otras inquisiciones.

[10] Bioy Casares, Adolfo, Borges, Ed. Destino, Buenos Aires, 2006, p. 61.

[11] Cervantes, Miguel, Don Quijote de la Mancha, Ed. RAE, 2004, p. 865.

[12] Cf. Chesterton, Gilbert Keith, El candor del padre Brown, Ed. Losada, Buenos Aires, 1939, p. 23.

[13] Hamlet, 1,5, v. 186. “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía”.


jueves, 6 de agosto de 2009

Ars longa vita brevis

Cabe destacar diferencias con respecto a la composición, ejecución, interpretación y espectáculo de las artes. En las plásticas y en la literatura el autor compone, luego el espectador interpreta el espectáculo. Pero a la música, además de componérsela para el espectador que la interpreta, se la ejecuta. Ella puede tener interpretante y ejecutante. En ello reside una de las preponderancias de la música sobre otras artes. A su vez, cada ejecución es única y distinta a todas, ya si se la ejecuta al tempo giusto[1] o no.

Es un arte para el otro. Sin su ejecución no se puede hacer presente, no puede ser, no se complementa con la partitura. De todas formas, recordemos que antiguamente se prescindía de las partituras, porque todo era de memoria. ¿Qué importaba tener la música en una partitura si ya se podía hacer presente al ser evocada por la memoria, si ya era parte de uno al habérsela apropiado? La memoria, que es instrumento del conocimiento, es afectiva. Nos acordamos de lo que tenemos para nosotros como bien. En las palabras “a-cor-dar-se” y “re-cor-dar” permanece la voz latina cor, cuyos significados pueden ser “corazón” e “inteligencia”. Y en inglés y en francés, “aprender de memoria” se dice learn by heart y apprendre par coeur respectivamente. Ambas frases idiomáticas, contienen las palabras heart y coeur (corazón). De manera que el vínculo del conocimiento con lo afectivo es evidente. No resulta extraño porque uno de los deseos que mueve al hombre en la prosecución de la felicidad es, como dice San Pablo en una de sus cartas, el de conocer (libido cognoscendi). Este deseo es uno de los innumerables caminos de la felicidad.

Pues bien, todo arte debe ser en última instancia para el otro. Claro que esto nos lleva a discutir para qué o quién es el arte. Sin entrar en tema ahora, un fin que ennoblezca al arte será una suerte de altruismo que procure el bien del otro. Esta es una concepción útil, positiva, optimista y conveniente del arte. Dicho más prácticamente, en otras palabras: es para tenerla a mano. No se me ocurre otra mejor. ¿Quién legará a generaciones por venir un arte que no tenga algo de bueno, bello y justo[2] (lo que se debe a cada uno), un arte que a partir de su contemplación no comporte un bien que la vida contiene, un arte que no genere una fruición intelectual de conocimiento que nos acerque más a la verdad, al término de todo anhelo del que siempre quiere llegar a conocer, el absoluto?

Obviamente no se trata de negar u obviar lo que está mal en el mundo, sólo de ver la piedra de toque de la vida y del arte positivamente a través de las creaciones y de sus creadores. Quiero decir, de buscar lo bueno que hay en los frutos del hombre y de Dios, los uvas de los sarmientos en la vid. En esa busca nos interiorizamos ahondándonos en nuestra condición de una riqueza inmensa para exteriorizarnos al compartir los hallazgos y las dudas con el otro para enriquecerlo. Pues nos va la busca del conocimiento en hallar tanto soluciones como problemas. Al recordar que los últimos existen (pues como dice Bacon, ignorar es haber olvidado), procuramos en lo sucesivo solucionarlos. Este ejercicio es como tirar un ancla y descubrir con estupor que el mar de nuestra humanidad no tiene fondo. Es medir el infinito, que no tiene medida. Buscar el centro de una sortija inasible, la medida de nuestro tiempo.


Resulta entonces positivo y provechoso. No hay provecho en querer ver obstinadamente sólo lo negativo, y si lo hay que me convenzan. Los grandes poetas nos muestran lo malo y lo bueno del mundo, como hizo Dante con la Divina Commedia. En ella, si hacemos el viaje celestial de Dante, para llegar a conocernos a nosotros mismos[3] y a Dios cuando trashumanamos[4] (neologismo dantesco que significa pasar de nuestro estado natural al sobrenatural mediante la gracia que nos concede Dios) debemos primero atravesar el Infierno, y mirar cara a cara el mal para arrepentirnos de los pecados que hayamos cometido, y así expurgarnos en el Purgatorio para llegar al Edén terrenal, ese que habitaron Adán y Eva, y luego ocupar el lugar que nos toque en suerte en el Paraíso, en el cuerpo místico que vive en torno a Dios y exhuma la Redención y sacrificio de Jesucristo que salvó al hombre; en la rosa de las rosas, no la del arquetipo de Platón, no la de la poesía, no la jamás vista, no la del jardín cerrado de la Virgen, sino la de los Hijos de Dios en su Reino.

Finalmente, estoy de acuerdo con Borges cuando considera a la Divina Commedia como el ápice, la cima de todas las literaturas[5]. Hechos estéticos como éste son los que debe legar la tradición a la Humanidad.

[1] Tiempo en el que está compuesta la música de la obra por el compositor. Véase el libro Elogio de la lentitud de Carl Honoré. Allí hace una analogía de la música con la vida, que debe ser vivida al tempo giusto. Pondera la lentitud pero nos advierte que a veces los pasos deben ser acelerados (como en la música accelerando) y a veces lentos (rallentando). Es una hermosa analogía porque da cuenta de que la vida es música, y ésta armonía, y ésta una cualidad del cosmos, el universo que con su orden produce una música armónica y hermosa perceptible al oído sensible a lo estético.

[2] Cfr. Primera carta de San Pablo a los tesalonicenses, 5, 21: “Prueben todo, lo que es bueno, reténganlo”. “Lo que es bueno” es una traducción insoluble del concepto griego tò kalòn, que significa tanto lo bueno, lo bello como lo justo.

[3] Par. XXXIII, vv. 131-132: mi parve pinta de la nostra effige; / per che ‘l mio viso in lei tutto era messo. Él se da cuenta de su alma inmortal cuando se observa a sí mismo al contemplar la Luz Eterna que es Dios, y entiende todo, y es todo.

[4] Par. I, vv. 70-72: Trasumanar significar per verba / non si poria; però l’essemplo basti / a cui esperienza grazia serba.

[5] Cfr. “La divina comedia” en Siete noches, Jorge Luis Borges.

martes, 24 de marzo de 2009

Elogio del aprendizaje de memoria


Suele escucharse decir que aprender de memoria no es buen consejo a la hora de estudiar. Creo, en cambio, que es un paso muy importante a seguir porque sirve para profundizar bien el objeto de estudio. Debe aclararse que se suele aprender de memoria para exámenes de diversa índole como quien sortea obstáculos, valiéndose de la aptitud que tenemos en la memoria para poder finalmente aprobar el examen. Conseguido esto, generalmente se olvida con el tiempo lo que la mente retuvo. Para el caso son útiles -como sabemos- las mnemotecnias que nos permiten retener lo aprendido por más tiempo.

Sin embargo, hay que aprender de memoria. Pero en este ejercicio de retención en la mente, se debe volver periódicamente para recordar lo aprendido, como se riega una planta para darle vida. Sólo que el período de riego será distinto según la memoria de cada persona. Hecho esto, se mantiene en la mente lo aprendido y es un bagaje cultural y un tesoro personal que nos pueden ser útiles en cualquier momento. Ya decía Dante en su Commedia que no se hace ciencia habiendo entendido sin retener [1], visto que podemos entender varias cosas, pero si no las retenemos, luego es probable que las olvidemos.

Una ventaja importante que comporta el aprendizaje de memoria de un hecho científico, mediante la experiencia racional de la vida, es que damos con el conocimiento, lo que puede ser llamado “episteme”. Ésta suele ser contrapuesta en la filosofía platónica a la “doxa”, que puede ser traducida como “opinión”. Éste es el enfoque epistemológico en relación a la memoria, la cual puede ser un camino fructífero para aprender. Y más aún cuando producimos conocimiento. Objetivo por antonomasia de la ciencia.

En inglés aprender de memoria se dice to learn by heart y en francés apprendre par coeur. Son expresiones idiomáticas. Y las señalo por la curiosidad de la presencia de la palabra “corazón” (heart y coeur). De alguna forma lo aprendido de memoria es por un motivo que en estas dos lenguas en principio fue por corazón (by heart y par coeur). Bien puede ser una razón afectiva el móvil del aprendizaje de memoria. Y esto los hablantes de inglés o de francés ciertamente no lo piensan hoy día cuando usan estas expresiones.

Ahora bien, el centro de la actividad racional como sabemos es la cabeza, pero en la Antigüedad Aristóteles situaba ese centro en el pecho, donde encontramos el corazón, que es motivo y/o instrumento de aprendizaje en las expresiones idiomáticas de las lenguas referidas. La relación me parece extraña, y a su vez, interesante porque muestra a las claras un comportamiento del ser humano ante la realidad. Y si nos detenemos en la palabra latina cor veremos que sus significados pueden ser tanto “corazón” como “inteligencia”, de manera que nos permite notar que la relación del conocimiento a través del afecto es evidente. Cor permanece en otras palabras de nuestro idioma tales como “a-cord-arse” o “re-cord-ar”. La relación aludida no nos resulta extraña ya que el hombre, tal como dice San Pablo en una de sus cartas, tiene el deseo de conocer (libido cognoscendi), y éste puede ser una forma de felicidad.

He encontrado una relación con respecto a la retención en la memoria de dos artes distintas, que son la música y la literatura. Con aquélla solemos retener las melodías que más nos gustan, y eso sucede sin que lo decidamos porque la mente retiene aquello que le gusta por estar escuchando con atención. Y en cambio, con la literatura, uno retiene los pasajes que más le gustan pero por una decisión. Creo que ambas artes son retenidas con más o menos conciencia, según el caso. A mí personalmente me ha pasado con poesía. Leyendo y releyendo el último canto del Paraíso de la Commedia de Dante noté con asombro que al cabo de varias lecturas y meditaciones algunos versos quedaban en mi memoria. Al principio quizá un par de versos, luego ya un terceto entero, luego otros más. Éste fue el motivo a que me decidiera a ir por más, y he aprendido todo el canto, que está compuesto por estrofas de tres versos. Los versos pares riman entre sí, y asimismo los impares, de manera que aprenderlos no resulta difícil. El genio de Dante se cuidó inclusive de estos detalles. La estructura de las estrofas es tal como si fueran anillos que engarzan unos con otros sucesivamente.

Ahora, en estos meses he aprendido poesías de Borges de memoria. El mejor hacedor poético de la lengua castellana[2]. Y luego de haber tenido esta experiencia con los dos poetas, puedo decir que es algo enriquecedor. Cada tanto vienen de improviso versos a la memoria cuando me pasa algo que estos versos poetizan. La melancolía, por ejemplo: “El hoy fugaz es tenue y es eterno; / otro Cielo no esperes, ni otro Infierno” en versos de Borges (poema “El instante”) por nombrar un caso.

El camino de la memoria hay que recorrerlo con paso decidido. Y las formas son muchas, como puede ser leer, hacer crucigramas u otras. Yo propongo la de aprender poesías de memoria, ya que la poesía puede ser alimento vital del alma, y porque no sólo de pan vive el hombre. Nuestra mente y la vida siguen siendo un misterio, y siempre lo serán. Ahondar en éste usando la memoria es una manera de afrontar la vida amorosamente, by heart.

[1]Par. V, vv. 41-42: …non fa scïenza, / sanza lo ritenere, avere inteso.

[2] Así como Dante habla de Arnaut Daniel en Purg, XXVI, v. 117. como il miglior fabbro del parlar materno (“el mejor forjador del hablar materno”). Se refiere a los poetas en lenguas vernáculas y no en latín, que en caso de este famoso poeta es el provenzal. Dante en este pasaje metaforiza el arte de hacer versos con el herrero que forja versos con su arte y relumbran como el oro.