La poesía de Ramón Minieri evoca lecturas previas en virtud de su prodigiosa efusión de símbolos. Aquí, el viento de los sármatas será el que nos devele la palabra, escrita por las alas de “ángeles ebrios”. Captada pues nuestra benevolencia, inicia el decurso de la lectura con este viento que -como sabemos- nos llevará donde quiera.
La forma es cambiante. El verso libre da cuenta de la fuerza indómita (que es el móvil de la poesía) de un pueblo como el sármata que no se vio doblegado hasta que se perdieron con el correr del tiempo. La estructura, entonces, consta de dos partes, la primera se llama La Reina Loca y la segunda Incursión a la Ruta de la Seda.
Esta fuerza es de “cimatarras / afinadas en do”, de juglares, politeísta que no entiende al Dios cristiano ni a qué se dedica. Austeia, una de las deidades, les enseña a las abejas “el léxico / de lo indecible”. Un pueblo cuya fe se halla en una palabra que pronunciada puede hacer la diferencia, dormita en el carcaj, por si acaso. Este poder perfomativo del lógos evoca la parábola del emperador de Borges.
Movidas por este viento “las ramas / agradecen / con una reverencia” de la misma forma que en la Comedia de Dante. Por eso, así como la vida bélica se plasma en la obra, asimismo, valores como el agradecimiento o el amor también, ya que el mundo “es una armonía de tensiones opuestas, como la del arco y la lira”, como dice Heráclito en el fragmento 51. Aquí leemos al sujeto lírico incapaz de nombrar a la princesa: “soy / una cuerda ronca / un arco / demasiado tenso”.
El acto de creación se da mediante la palabra porque encontramos “un dios calígrafo / eternamente inconforme”. Sujeto lírico y deidad crean aunque no puedan dar voz a lo inefable. Alfonso Reyes decía precisamente que los escritores publicaban para dejar de corregir, puesto que la re(escritura) nunca termina. Copistas “preñados por la Palabra” buscan salvaguardar esta para transmitirla y resguardarla. Paradójicamente, si bien hay hechos inefables nada se pierde, todo está dado ya. Aprender es recordar porque “es el olvido / el que recuerda todo”.
Esta tensión, entre lo decible y lo inefable y entre la guerra y el amor, son el hilo conductor de este poemario con la Historia de trasfondo de este pueblo tan peculiar de la Antigüedad, razón de estudio de Minieri ya que él también es historiador. Son pocas las veces en que la Historia es el telón de fondo de un poemario. Por lo general es a la inversa. Nuestro escritor, felizmente, nos brinda su don, no queda más que leerlo para resolver la tensión o constatarla.
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lunes, 8 de octubre de 2018
lunes, 17 de noviembre de 2014
Esperar leyendo
G.K.Chesterton leyendo sentado en un banco.
Un hombre
cruza la plaza y entra al banco. Se coloca detrás de la fila y acto seguido
abre un libro y se pone a leer. Escucha gente en voz baja que se reprocha no
haber hecho lo mismo. También comprueba que lo miran con aprobación por su
ingenio. El resto es espera y placer por la lectura. El tedio de esperar no
molesta a quien sabe que el tintero es inagotable. Disfruta leyendo porque no
hay tiempo que perder esperando y se deja llevar por el cauce de la lectura
avistando meandros con paisajes nuevos o conocidos pero vistos desde otra
perspectiva sobrecogedora. El río de la lectura no termina jamás ni quien lo
pisa es siempre el mismo hombre, parafraseando a Heráclito.
Es una buena
forma de matar el tiempo. Ya no como el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo
que están peleados con él porque la Reina de Corazones los acusó de hacerlo por
su pésima música en Alicia en el País de
las Maravillas. Confieso que me cuesta recordar gente leyendo mientras
espera. En terminales de transporte es más fácil ver gente leyendo, pero en la
inmediatez de lo cotidiano cuando debemos hacer un trámite no encuentro vecinos
aprovechando el tiempo al leer, y todo lo que se siente en el ambiente es un
tedio y una tensión monótona e invasiva.
¿Qué
esperamos para llevar nuestras lecturas a los bancos, a las filas interminables
de pagos y demás lugares en que debemos necesariamente esperar? Siento, sin
embargo, que es una cuestión cultural. Acaso no haya tantos lectores entre
nosotros, o bien disfruten de leer en la cama diez minutos antes de dormirse.
Pero bien cabe usar la inteligencia práctica y aprovechar esa hora de nuestras
vidas que se nos va esperando viendo los minutos y la gente pasar. Ahora bien,
me podrán decir que mientras se espera se piensa o se medita, es cierto. De todas
formas, no lo veo en los rostros de los que esperan, ya que todos se dejan
arrastrar por ese tedio y esa tensión, y sólo esperan que acabe. No se sienten
capaces de pensar y meditar dadas las circunstancias.
Por eso es
que podemos proponer que leamos mientras esperamos ¿Cómo se empieza? Pues
hablando del tema y concientizando. Acaso con libros en los bancos,
instituciones, y cada lugar de espera que haya. Ya que no podemos usar
celulares ¿qué mejor que leer? Si tenemos una experiencia grata con un libro buscaremos
favorecer los momentos de lectura en espacios variados, y no sólo en la cama o
el living. Iremos a leer al río, a la playa, a la plaza, a la casa de nuestros
padres, a las bibliotecas, viajando… en un viaje sin fin como Don Quijote o el
barón rampante de Italo Calvino, entrañables lectores que nos enseñan que la
lectura es un viaje de ida y una forma de la felicidad.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Tolkien: el Señor de los Anillos
Un día como ayer acabé la lectura de El Hobbit de Tolkien. Es la primera vez que lo releo. Mi primera lectura había sido allá por 2002. Esto no resulta interesante, cuanto mucho anecdótico. Me detengo aquí a escribir sobre Tolkien por el impacto que ha tenido en mi vida desde entonces. Puede no importar lo personal al gentil lector pero quizá revista interés la experiencia de la (re)lectura que tanto interesa a quienes leemos como modo de vida, y también a los amantes de Tolkien.
Profesor Tolkien
Sin más preámbulos pues, fue precisamente en enero de 2002 en Monte Hermoso a mis 17 años que leí por primera vez un libro por mi cuenta, y fue El Señor de los Anillos de Tolkien. El mismo día que lo empecé no pude parar de leerlo. Había tenido charlas previas con familiares que me ayudaron a empezar la lectura. En menos de un mes había leído los tres tomos y había probado la felicidad que suscita la lectura y la literatura cuando esta hace mella en el lector. De ahí en más leí El Hobbit, El Silmarillion y otros libros del mismo autor. Releí ESDLA ya cuatro veces, algunas en inglés y otras en español. Las últimas relecturas las hice en el transcurso de estos dos años, ya consumada mi carrera de Letras en la UNLP, y las experiencias han sido distintas y más enriquecedoras, ya que tanto nosotros como los libros somos ese río de Heráclito tan predilecto a Borges que cambia siempre.
He notado algunos recursos poéticos y literarios que habían pasado desapercibidos en mis primeras lecturas. Probé las mismas emociones, algunas fueron más fuertes esta vez. Para empezar es admirable el poder de invención de Tolkien. Ha creado una mitología tan vasta y rica que abruma de solo concebirla. Sin duda, tomó nombres y mitemas de las mitologías nórdicas, pero eso no le quita mérito, máxime considerando que creó lenguas como el élfico en sus variantes quenya y sindarin, para las cuales confesó haber creado estas historias de la Tierra Media con el propósito de que no se perdieran y quedaran en el olvido. Esto habla a las claras de su profesión y vocación de filólogo, la cual fue uno de los puntos de partida. El amor a la lengua y a la palabra fue un móvil que favoreció su literatura que no es otra cosa que el arte de la palabra, en el cual Tolkien fue maestro universal.
Me fascina la Búsqueda mayúscula en su obra, ya sea de aventuras en la que se ven envueltos personajes como Bilbo y Frodo como así también de sus destinos. Es muy atractivo en tanto la vida misma es una búsqueda. Asimismo, me fascina que en Tolkien se ensalce a los humildes, representados por los hobbits, los cuales perturban los Concilios de los Sabios. Son estos seres insignificantes que toman protagonismo sin buscarlo y gracias a valores como la voluntad, el coraje, la lealtad, la sinceridad, la humildad, la amistad y el amor -entre otros- cambian el curso de eventos que son decisivos en la configuración y el bienestar de toda la Tierra Media. Si bien a nuestro autor no le gustaban las interpretaciones alegóricas de su obra en tanto se proclamaran estas como excluyentes, puede verse entre líneas los humildes de las bienaventuranzas cristianas:bienaventurados los humildes porque ellos serán ensalzados. Creo con Ferro y Disalvo que pueden interpretarse algunos personajes de Tolkien si ya no como alegóricos sí como tipológicos porque algunos son figuras crísticas como Frodo, Aragorn y Gandalf que cumplen roles redentores y salvadores. Se produce una allegoria in factis, es decir, una alegoría en hechos protagonizados por personajes bíblicos y personajes de los hechos que relata Tolkien en su Libro Rojo que, como dice Disalvo, transcurren en un tiempo preabrahámico. Estos son tramados por Dios que nos tiene un destino trazado. Véase el diálogo iluminador de Frodo y Gandalf (The Fellowship of the Ring, Book Two, Book One, The Shadow of the Past, Chapter II):
“’I wish it need not have happened in my time’, said Frodo [sobre la llegada del anillo a sus manos con todo lo que implica y el propósito que se puso].
‘So do I," said Gandalf, "and so do all who live to see such times. But that is not for them to decide. All we have to decide is what to do with the time that is given us.’”
‘So do I," said Gandalf, "and so do all who live to see such times. But that is not for them to decide. All we have to decide is what to do with the time that is given us.’”
De esta forma, se puede leer la historia del anillo como teología de la historia. Los mismos Frodo y Sam tienen un diálogo en que reflexionan y piensan sobre esto mismo. Frodo dice que se siente tan bien al escuchar a Sam como si la historia en que están ya estuviera escrita. Si bien no cito el pasaje porque es extenso les remito el diálogo que aparece en este blog cuyo link comparto:http://cnelkurtz.blogspot.com.ar/2010/07/teologia-de-la-historia-lo-que-sam-y.html Y aclaro, por supuesto, que esta es una interpretación que no es excluyente. Resulta una obviedad pero no está de más decirlo.
También puede decirse que algunos hechos centrales de la obra son producto de la Providencia, como por ejemplo el hecho de que Bilbo hallara el anillo perdido y que no matara a Gollum al escapar de las Montañas Nubladas, sobre el cual volveremos al final.
Por otra parte, me encanta que se desdibujen los límites entre vida y literatura, más precisamente en este caso entre las leyendas y canciones antiguas que saben nuestros hobbits y sus sencillas vidas ordinarias. Estos sin saber por qué se ven envueltos en ellas porque llega a manos de Bilbo el anillo de Sauron, el más poderoso de todos los anillos, el arma letal que puede cambiar el destino de la Humanidad para bien o mal dependiendo de si es destruida por Frodo arrojándola al Monte del Destino. En el link anterior se puede notar el asombro de Sam al darse cuenta hablando y reflexionando que él y Frodo se encuentran en medio de una gran historia que aún no acaba, una leyenda que sigue viva en tanto son portadores del anillo. Son varios los pasajes en que se advierte esta “contaminación” que desdibuja los límites de las viejas leyendas y la vida. Uno de mis preferidos es aquel en que Théoden está maravillado de haber visto Ents. Dice así (The Two Towers, Book Three, The Road to Isengard, Chapter VIII):
“The king was silent. "Ents!" he said at length. "Out of the shadows of legend I begin a little to understand the marvel of the trees, I think. I have lived to see strange days. Long we have tended our beasts and our fields, built our houses, wrought our tools, or ridden away to help in the wars of Minas Tirith. And that we called the life of Men, the way of the world.
We cared little for what lay beyond the borders of our land. Songs we have that tell of these things, but we are forgetting them, teaching them only to children, as a careless custom. And now the songs have come down among us out of the strange places, and walk visible under the Sun" (subrayado mío).
We cared little for what lay beyond the borders of our land. Songs we have that tell of these things, but we are forgetting them, teaching them only to children, as a careless custom. And now the songs have come down among us out of the strange places, and walk visible under the Sun" (subrayado mío).
Siguiendo pues con los rasgos que pondero enriquecedores, uno de los tópicos literarios por excelencia en Tolkien es el ubi sunt?, es decir, el ¿dónde están? Tópico que consta en expresiones en las que el sujeto se pregunta por un rico pasado que ya se ha perdido. Hay un antecedente paradigmático en las elegías anglosajonas, uno de los primeros testimonios literarios. Un ejemplo en ESDLA es el de este poema que recita Aragorn sobre Rohan (The Two Towers, Book Three, The King of the Golden Hall, Chapter VI):
“Where now the horse and the rider? Where is the horn that was blowing?
Where is the helm and the hauberk and the bright hair flowing?
Where is the hand on the harp-string, and the red fire glowing?
Where is the spring and the harvest and the tall corn growing?
They have passed like rain on the mountain, like a wind in the meadow;
The days have gone down in the West behind the hills into shadow.
Who shall gather the smoke of the dead wood burning?
Or behold the flowing years from the Sea returning?”
Where is the helm and the hauberk and the bright hair flowing?
Where is the hand on the harp-string, and the red fire glowing?
Where is the spring and the harvest and the tall corn growing?
They have passed like rain on the mountain, like a wind in the meadow;
The days have gone down in the West behind the hills into shadow.
Who shall gather the smoke of the dead wood burning?
Or behold the flowing years from the Sea returning?”
Continuamente Tolkien hace referencia al pasado cercano y remoto de hobbits, elfos, enanos y hombres cuyas historias podemos encontrar en El Silmarillion que es un libro acerca de las dos primeras edades de la Edad Media y también una suerte de Génesis del mundo que creó nuestro escritor.
Su obra es tan interesante que no importa saber cómo y cuándo sucederán los hechos al releer la obra. Sucede como con los mitos. El auditorio griego en la Antigüedad ya sabía que Edipo tenía relaciones con la madre y que al final se arrancaba los ojos del horror, y aun así el griego asistía interesado y entusiasmado al teatro para ver una historia cuyo desenlace y pormenores ya conocía; eso no menguaba el interés y el placer al contemplar la obra, mucho menos la catarsis que experimentaba como dice Aristóteles en su Poética. Lo mismo sucede pues con esta historia del anillo, así como con cada historia digna de contarse que genera interés y placer. Tolkien era consciente del poder del mito, de hecho, él habla de la mitopoeia, es decir, la creación del mito y del poder que tiene en el lector. El relato de Tolkien es como el mito. Releemos la historia, conocemos el desenlace y los pormenores, pero no hace menor el interés ni el placer de la lectura. Se genera una empatía inmediata con los hobbits.
Esa búsqueda de Bilbo y de Frodo es, a su vez, una búsqueda del lector. Es, por otra parte, uno de los cuatro temas sobre los que escribe el hombre desde que el mundo es mundo, según quiere Borges en su texto “Los cuatro ciclos”. Los otros tres son la muerte de un dios, la guerra y el regreso. Tres se cumplen en Tolkien de forma magistral. La vuelta a casa es el regreso al mundo cotidiano y ordinario. Los personajes dan sus espaldas a las leyendas en las que se ven metidos, como dice Bilbo al final de ‘El Hobbit’ (The Last Stage, Chapter XIX):
“Our back is to legends and we are coming home”
Los hechos protagonizados en esta historia son, en algunos casos, el cumplimiento de profecías como el retorno del rey en el caso de Aragorn o el protagonismo que obtendrá Frodo en el destino del anillo del poder. Véanse los versos proféticos acerca de ambos (The Fellowship of the Ring, Book Two, The Council of Elrond, Chapter II):
“All that is gold does not glitter,
Not all those who wander are lost;
The old that is strong does not wither,
Deep roots are not reached by the frost.
From the ashes a fire shall be woken,
A light from the shadows shall spring;
Renewed shall be blade that was broken,
The crownless again shall be king”
Esto lo compone Bilbo, pero en el caso de los versos que siguen, estos son oídos por Boromir en un sueño, lo cual hace el hecho más misterioso. Se lee:
“Seek for the Sword that was broken:
In Imladris it dwells;
There shall be counsels taken
Stronger than Morgul-spells.
There shall be shown a token
That Doom is near at hand,
For Isildur's Bane shall waken,
And the Halfling forth shall stand” (subrayados míos)
In Imladris it dwells;
There shall be counsels taken
Stronger than Morgul-spells.
There shall be shown a token
That Doom is near at hand,
For Isildur's Bane shall waken,
And the Halfling forth shall stand” (subrayados míos)
Bilbo mismo en ‘El Hobbit’ cumple parte de profecías vox populi, y al final Gandalf lo amonesta diciéndole que no dejará acaso de creer ahora en ellas porque ayudó a que se cumplieran (The Last Stage, Chapter XIX):
“Surely you don’t disbelieve the prophecies, because you had a hand in bringing them about yourself? You don’t really suppose, do you, that all your adventures and escapes were managed by mere luck, just for your sole benefit? You are a very fine person, Mr. Baggins, and I am very fond of you; but you are only quite a little fellow in a wide world after all!”
Y eso es lo que somos todos, simples individuos en un mundo enorme del cual podemos tomar protagonismo inesperadamente como Bilbo y Frodo o no, pero somos parte del mismo. Somos coautores con Dios de nuestro destino: es mi punto de vista personal. No todo está en manos de Dios, también hay parte en las nuestras por el libre albedrío que nos dio.
Finalmente, comparto un momento central de la historia del anillo. Es ese en que Bilbo halla el anillo gateando a tientas y a oscuras en cuatro patas en un túnel de las Montañas Nubladas. Luego de los acertijos con Gollum Bilbo se encuentra cerca de la salida y se debate entre matarlo o bien dejarlo e irse como finalmente hace. Este hecho posibilita que el anillo sea destruido y la paz y el bienestar de toda la Tierra Media restablecida porque, como sabemos, Frodo no puede por voluntad propia destruirlo, ya que naturalmente el anillo es más fuerte que su voluntad, y es en esa lucha enceguecida y desesperada con Gollum que lo sigue hasta allí como se destruye el anillo que, al final, es arrebatado a Frodo por Gollum quien celebrado su recupero trastabilla y se cae al fuego del Monte del Destino con el anillo, destruyéndose de esta forma. Por esta razón Gollum tiene un papel importantísimo en la destrucción del anillo de poder, siquiera accidentalmente.
Leemos en el quinto capítulo de El Hobbit (Riddles in the Dark):
“A sudden understanding, a pity mixed with horror, welled up in Bilbo's heart: a glimpse of endless unmarked days without light or hope of betterment, hard stone, cold fish, sneaking and whispering. All these thoughts passed in a flash of a second. He trembled. And then quite suddenly in another flash, as if lifted by a new strength and resolve, he leaped.”
Acaso eso hubiera pasado de no poderse haber destruido el anillo, días interminables sin luz en un mundo sin esperanza. Frodo se lamenta de que Sauron se entere por Gollum que el anillo único fue encontrado y de que ahora lo tiene un Bolsón, y así le dice a Gandalf (The Fellowship of the Ring, Book One, The Shadow of the Past, Chapter II):
"What a pity that Bilbo did not stab that vile creature when he had a chance!"
"Pity? [responde Gandalf] It was Pity that stayed his hand. Pity, and Mercy: not to strike without need. And he has been well rewarded, Frodo. Be sure that Bilbo took so little hurt from the evil, and escaped in the end, because he began his ownership of the Ring so. With Pity."
"I am sorry" said Frodo. "But I am frightened; and I do not feel any pity for Gollum."
"You have not seen him," Gandalf broke in.
"No, and I don’t want to," said Frodo. ". . . Now at any rate he is as bad as an Orc, and just an enemy. He deserves death."
"Deserves it! I daresay he does. Many that live deserve death. And some that die deserve life. Can you give it to them? Then do not be too eager to deal out death in judgement. For even the very wise cannot see all ends. I have not much hope that Gollum can be cured before he dies, but there is a chance of it. And he is bound up with the fate of the Ring. My heart tells me that he has some part to play yet, or good or Ill, before the end; and when that comes, the pity of Bilbo may rule the fate of many -- yours not least." (subrayado mío)
Esa piedad hará posible que el anillo sea destruido. Es magnífico el realce que da Tolkien a este valor como a tantos otros. Posibilita el hecho que es epicentro de los acontecimientos de la obra, puesto que la destrucción del anillo marca el fin de la Tercera Edad y el inicio de la Cuarta con el predominio y gobierno de los Hombres con Aragorn como rey. Se restaura un orden que estaba en vilo por la amenaza del malvado Sauron. Todo por la piedad de un hobbit, el más humilde y pequeño de los seres, el más insignificante ¿No es acaso maravilloso? Es conmovedor.
La historia de los protagonistas termina en casi todos los casos con el regreso a casa. Han salido de ella para entrar en un mundo de leyendas y viejas canciones sin esperarlo (en el caso de los hobbits). Así como en la vida, que a veces no podemos distinguir verdad de ficción, como en los sueños o en la literatura, de la misma forma en Tolkien no reconocemos una de otra y ese es uno de los encantos más fascinantes y atrapantes de la obra que provoca una atracción irresistible, como la vida, como los sueños…
T
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lunes, 7 de septiembre de 2009
Las causas
Baste enunciar que los estoicos creían en la causalidad de los hechos, una idea de cuño determinista por la cual todo tiene su razón de ser y su/s causa/s en la máquina del mundo. Dos personas, en este caso, bien pueden estar predeterminadas a encontrarse por todas las razones que enumerará Borges en esta poesía que comento con notas al pie.

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso[1].
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro[2]. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia[3].
La luna que miraban los caldeos[4].
Las arenas innúmeras del Ganges[5].
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña[6].
Las manzanas de oro de las islas[7].
Los pasos del errante laberinto[8].
El infinito lienzo de Penélope[9].
El tiempo circular de los estoicos[10].
La moneda en la boca del que ha muerto[11].
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia[12].
La sombra de las cruces en la tierra[13].
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante[14]. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos[15].
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo[16].
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido[17].
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
JORGE LUIS BORGES, en Historia de la noche (1977).
[1] Recordemos la palabra cosmos del griego que significa tanto “universo” como “orden”. Al ser creado el Edén habrá tenido su orden armónico.
[2] Verso de seis pies de la poesía antigua de Grecia y Roma. Versa mayormente sobre temas épicos, cuya palabra es memorable por el valor y el heroísmo de los guerreros en la batalla.
[3] Kafka dijo: “Cómo no nos fue permitido construir la Torre de Babel, cavamos su pozo”.
[4] El caldeo fue un pueblo destacado por su astrología, de hecho, “caldeo” llegó a ser sinónimo de “astrólogo”. Véase la Oda I, 11 de Horacio quien aconseja a una mujer no tentar los números babilonios y vivir el instante atrapando el momento con la famosa expresión -ya proverbial- Carpe diem.
[5] Borges gustaba citar la famosa parábola de Heráclito, filósofo presocrático del siglo VI a.C.: “ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río” porque el río nunca es el mismo, y así el río es el tiempo que cambia, y nosotros también somos ese río elemental del tiempo. Las arenas del Ganges, entonces, podrían ser las cosas que están dentro de ese tiempo que todo lo arrastra en su cauce, como dice Marco Aurelio en sus Meditaciones: “El tiempo es como un río que arrastra los acontecimientos. Apenas una cosa salta a la vista, es arrastrada; aparece otra a su vez, y es arrastrada con igual prontitud”. Somos las arenas innumerables. Véase también la poesía de Borges “Son los ríos” en Los conjurados (1985) donde plasma la idea de Heráclito en versos memorables.
[6] En la Antología de la literatura fantástica (1940) Borges, Bioy y S.Ocampo incluyen el texto de Chuang-Tzu que dice: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu”.
[7] Son las manzanas que custodian las Hespérides en el extremo occidental del mundo conocido en la Antigüedad. Estas manzanas fueron regaladas a Hera por su matrimonio con Zeus.
[8] Decir que el laberinto es “errante” conforma una hipálage, esto es, una figura retórica muy frecuente en la poesía clásica que consiste en atribuir a un nombre o un sustantivo una palabra que no se le atribuiría lógicamente. El errante es el que está perdido en el laberinto. Y bien, el valor de esta figura consiste en proyectar el alma del poeta sobre las cosas inanimadas, y sobre todo, radica en que podamos admitir la validez de la similitud en la atribución del adjetivo a dos objetos distintos que devienen así indisociables por el poeta que los liga con su palabra. Otro ejemplo hermoso de hipálage es el de Milton que habla de la “lámpara estudiosa”. En el gabinete de estudio el lector y la lámpara son uno estudiando.
[9] Se refiere al lienzo que Penélope tejía de día y destejía de noche. Ella les decía a sus pretendientes que tomaría esposo de nuevo una vez terminado el lienzo. Ella, secretamente, esperaba que volviera Odiseo, que lo hizo luego de veinte años; diez en Troya y diez en Odisea.
[10] Al concebir al tiempo de esa forma creían que todo se vuelve a repetir, porque todo vuelve sobre sí mismo como los astros en su año cósmico. Según esta doctrina, en el futuro todos volvemos a ser quienes somos y a hacer las mismas cosas; todos hemos sido de la misma forma en el pasado y las cosas que hacemos las hemos hecho siempre. Yo, por ejemplo, siempre escribí estos comentarios a la poesía de Borges, no sólo ahora.
[11] En la Antigüedad ponían una moneda en la boca del muerto porque, según la mitología grecorromana, al morir vamos al Hades y allí el paso inexorable es el cruce del río Aqueronte en la barca del viejo Caronte. A éste se le debía pagar por el cruce al otro lado de la orilla, por eso ponían una moneda en la boca del muerto.
[12] Batalla que se libró en Grecia en el año 48 a.C. donde César venció a Pompeyo en la guerra civil romana.
[13] Verso ambiguo. Quizá no para un lector más avezado. Arguyo una posible sugerencia de Borges. Y tiene que ver con la cruz que se trazaba en el acto fundacional de una ciudad, cuyos extremos indicaban los cuatro puntos cardinales.
[14] Nueva hipálage. Véase nota 8.
[15] Cf. Oda, IV, 7, v. 16 de Horacio: Pulvis et umbra sumus (“Polvo y sombra somos”).
[16] La caligrafía es el arte de escribir con bella letra, de gran importancia en Oriente.
[17] Nueva hipálage. Véase nota 8.

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso[1].
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro[2]. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia[3].
La luna que miraban los caldeos[4].
Las arenas innúmeras del Ganges[5].
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña[6].
Las manzanas de oro de las islas[7].
Los pasos del errante laberinto[8].
El infinito lienzo de Penélope[9].
El tiempo circular de los estoicos[10].
La moneda en la boca del que ha muerto[11].
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia[12].
La sombra de las cruces en la tierra[13].
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante[14]. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos[15].
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo[16].
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido[17].
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
JORGE LUIS BORGES, en Historia de la noche (1977).
[1] Recordemos la palabra cosmos del griego que significa tanto “universo” como “orden”. Al ser creado el Edén habrá tenido su orden armónico.
[2] Verso de seis pies de la poesía antigua de Grecia y Roma. Versa mayormente sobre temas épicos, cuya palabra es memorable por el valor y el heroísmo de los guerreros en la batalla.
[3] Kafka dijo: “Cómo no nos fue permitido construir la Torre de Babel, cavamos su pozo”.
[4] El caldeo fue un pueblo destacado por su astrología, de hecho, “caldeo” llegó a ser sinónimo de “astrólogo”. Véase la Oda I, 11 de Horacio quien aconseja a una mujer no tentar los números babilonios y vivir el instante atrapando el momento con la famosa expresión -ya proverbial- Carpe diem.
[5] Borges gustaba citar la famosa parábola de Heráclito, filósofo presocrático del siglo VI a.C.: “ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río” porque el río nunca es el mismo, y así el río es el tiempo que cambia, y nosotros también somos ese río elemental del tiempo. Las arenas del Ganges, entonces, podrían ser las cosas que están dentro de ese tiempo que todo lo arrastra en su cauce, como dice Marco Aurelio en sus Meditaciones: “El tiempo es como un río que arrastra los acontecimientos. Apenas una cosa salta a la vista, es arrastrada; aparece otra a su vez, y es arrastrada con igual prontitud”. Somos las arenas innumerables. Véase también la poesía de Borges “Son los ríos” en Los conjurados (1985) donde plasma la idea de Heráclito en versos memorables.
[6] En la Antología de la literatura fantástica (1940) Borges, Bioy y S.Ocampo incluyen el texto de Chuang-Tzu que dice: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu”.
[7] Son las manzanas que custodian las Hespérides en el extremo occidental del mundo conocido en la Antigüedad. Estas manzanas fueron regaladas a Hera por su matrimonio con Zeus.
[8] Decir que el laberinto es “errante” conforma una hipálage, esto es, una figura retórica muy frecuente en la poesía clásica que consiste en atribuir a un nombre o un sustantivo una palabra que no se le atribuiría lógicamente. El errante es el que está perdido en el laberinto. Y bien, el valor de esta figura consiste en proyectar el alma del poeta sobre las cosas inanimadas, y sobre todo, radica en que podamos admitir la validez de la similitud en la atribución del adjetivo a dos objetos distintos que devienen así indisociables por el poeta que los liga con su palabra. Otro ejemplo hermoso de hipálage es el de Milton que habla de la “lámpara estudiosa”. En el gabinete de estudio el lector y la lámpara son uno estudiando.
[9] Se refiere al lienzo que Penélope tejía de día y destejía de noche. Ella les decía a sus pretendientes que tomaría esposo de nuevo una vez terminado el lienzo. Ella, secretamente, esperaba que volviera Odiseo, que lo hizo luego de veinte años; diez en Troya y diez en Odisea.
[10] Al concebir al tiempo de esa forma creían que todo se vuelve a repetir, porque todo vuelve sobre sí mismo como los astros en su año cósmico. Según esta doctrina, en el futuro todos volvemos a ser quienes somos y a hacer las mismas cosas; todos hemos sido de la misma forma en el pasado y las cosas que hacemos las hemos hecho siempre. Yo, por ejemplo, siempre escribí estos comentarios a la poesía de Borges, no sólo ahora.
[11] En la Antigüedad ponían una moneda en la boca del muerto porque, según la mitología grecorromana, al morir vamos al Hades y allí el paso inexorable es el cruce del río Aqueronte en la barca del viejo Caronte. A éste se le debía pagar por el cruce al otro lado de la orilla, por eso ponían una moneda en la boca del muerto.
[12] Batalla que se libró en Grecia en el año 48 a.C. donde César venció a Pompeyo en la guerra civil romana.
[13] Verso ambiguo. Quizá no para un lector más avezado. Arguyo una posible sugerencia de Borges. Y tiene que ver con la cruz que se trazaba en el acto fundacional de una ciudad, cuyos extremos indicaban los cuatro puntos cardinales.
[14] Nueva hipálage. Véase nota 8.
[15] Cf. Oda, IV, 7, v. 16 de Horacio: Pulvis et umbra sumus (“Polvo y sombra somos”).
[16] La caligrafía es el arte de escribir con bella letra, de gran importancia en Oriente.
[17] Nueva hipálage. Véase nota 8.
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Silvina Ocampo
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